Cómo integrar generaciones distintas en una comunidad de fe viva

La iglesia es un mosaico generacional, una obra viva hecha de piezas que vinieron de épocas diferentes, talladas por dolores, esperanzas y lenguajes distintos. En este mosaico, cada generación trae consigo sus propios colores. Juntos, estos fragmentos componen una imagen más grande de lo que cualquier parte aislada podría revelar. Sin embargo, unirlos exige una maestría artística que muchos líderes consideran compleja, ardua e incluso imposible.

Se trata de un proceso que implica, en primer lugar, el reconocimiento de que la iglesia es un ambiente multigeneracional, seguido de una concientización intencional de la feligresía y de la adopción de un modelo intergeneracional[1] de estructura, ministerios y servicios. Así, los líderes de la iglesia son llamados a avanzar hacia un estadio de liderazgo capaz de integrar las diferencias como un recurso estratégico para el cumplimiento de la misión.

Esencia multigeneracional

La iglesia, según el testimonio de las Escrituras, se constituye esencialmente como una comunidad multigeneracional, en la cual niños, jóvenes, adultos y ancianos participan activamente de la vida y del liderazgo del pueblo de Dios. Desde el ministerio de Jesús —quien acogió a los niños como parte legítima de la comunidad de fe (Mar. 10:14)— hasta las orientaciones apostólicas que reconocen y regulan la convivencia entre diferentes grupos de edad (1 Tim. 4:12; 5:1-2), se percibe una clara conciencia de la diversidad generacional en el seno de la iglesia. El discurso de Pedro en Hechos 2, al citar al profeta Joel, refuerza esa visión al atribuir un rol profético tanto a los jóvenes como a los ancianos, mientras que pasajes como el Salmo 145:4 evidencian la transmisión intergeneracional de la fe.

En el ámbito del liderazgo, la Biblia presenta constantes interacciones entre generaciones, frecuentemente mediadas por relaciones de mentoría, sea por vínculos familiares o espirituales. Además, líderes de diferentes edades fueron llamados por Dios, desde niños (como Josías) y jóvenes (como José) hasta adultos y ancianos de edad avanzada (como Moisés). Esta diversidad confirma que la iglesia no está llamada a la uniformidad, sino a la convivencia armoniosa entre las generaciones.

De esa manera, la Escritura apunta a un liderazgo consciente de la pluralidad etaria como parte constitutiva de la iglesia, rechazando modelos monogeneracionales que silencian otras voces. Al mismo tiempo, es necesario reconocer que esa diversidad, aunque es enriquecedora, también puede generar tensiones, convirtiendo la convivencia en un desafío pastoral y en un campo potencial de conflicto intergeneracional.

Conflicto de generaciones

Por más fuertes que sean los vínculos entre las personas que comparten un mismo espacio, los grupos generacionales frecuentemente se encuentran desconectados, y, en ocasiones, se involucran en conflictos que atraviesan de manera significativa las estructuras sociales. En el mundo corporativo, por ejemplo, las empresas de muchos sectores fueron procesadas en los últimos años por discriminación etaria, lo que evidencia los conflictos intergeneracionales en el mercado de trabajo.[2]

Además de eso, de acuerdo con encuestas realizadas por la empresa de consultoría Frank N. Magid Associates, más de la mitad de los trabajadores afirma que no considera probable relacionarse bien con un colega de otra generación.[3] Datos como estos ilustran la magnitud y la complejidad del desafío de la integración generacional al que se enfrentan los líderes actuales.

Si el desafío ya es inmenso en el contexto empresarial, en el ambiente religioso, en el que los conflictos son percibidos como una amenaza a los pilares de la fe de una comunidad, el obstáculo se agiganta. Así, comprender el conflicto intergeneracional deja de ser un mero análisis sociológico y pasa a ser una necesidad estratégica para cualquier líder comprometido con la unidad, la armonía y el destino de su congregación. Por eso, se vuelve necesario analizar al menos tres de las principales raíces de los conflictos generacionales:

1. Orgullo generacional. George Orwell sintetizó esto al decir que «cada generación se imagina más inteligente que la anterior y más sabia que la que viene después».[4] Así, el orgullo y la autosuficiencia de cada generación son un punto de ignición del conflicto intergeneracional.

2. Jerarquia de valores distinta. Cada generación tiende a considerar ciertos elementos de la fe que, para otros, pueden ser periféricos. Eso no significa, necesariamente, que una generación desprecia por completo aspectos que otra considera de extrema importancia; más bien, eso significa que no les atribuyen el mismo peso que otra juzga adecuado. Eso, por sí solo, ya es motivo de conflicto.

3. Diferentes interpretaciones de una misma realidad. Cada generación tiene lecturas distintas sobre elementos de la liturgia y la misión. Para algunos, por ejemplo, ser reverentes significa mantener el silencio; para otros, la reverencia se expresa de otras maneras. Cuando estas interpretaciones se encuentran en un ambiente marcado por la falta de comprensión, lo que apenas sería diversidad se transforma en tensión.

En este punto, cabe destacar que el conflicto generacional puede generar resultados positivos cuando se gestiona adecuadamente. Auguste Comte ya observó que los cambios sociales acompañan a los cambios generacionales, puesto que es el conflicto entre ellos el que genera insatisfacción con el statu quo.[5]

Así, los conflictos generacionales no solo representan rupturas o amenazas a la unidad, sino que pueden funcionar como catalizadores de la transformación, siempre que estén mediados por un liderazgo capaz de armonizar las voces del pasado, del presente y del futuro.

Liderando generaciones

Estudios contemporáneos en las áreas de liderazgo organizacional y sociología laboral indican que «los ambientes multigeneracionales, cuando están bien dirigidos, presentan un mayor desempeño » y ofrecen una formación de talentos más sólida.[6] Además, el «83 % de los ejecutivos globales concuerdan en que los equipos de trabajo multigeneracionales son fundamentales para el crecimiento y el éxito de los negocios».[7] Ante este desafío, los ejecutivos de las grandes empresas globales reconocen que la edad, así como la inclusión de personas con discapacidad, es una de las áreas de gestión de diversidad que más demanda programas de mejoría.[8]

Aunque estas investigaciones tengan su origen en el contexto empresarial, sus principios dialogan de forma significativa con la realidad de la iglesia. Por lo tanto, los pastores, ancianos y líderes en general necesitan desarrollar prácticas que solucionen las tensiones, no ser meros árbitros en los conflictos.

En este sentido, algunas prácticas para lidiar con los conflictos intergeneracionales y sus posibles consecuencias pueden ser muy útiles. Veamos algunas de ellas:

Practicar la escucha activa. Como decía el educador Rubem Alves, hay una gran oferta de cursos de oratoria, el arte de saber hablar, pero nadie demanda un curso para «escuchar». Se trata de una realidad incómoda: «todo el mundo quiere aprender a hablar, pero nadie quiere aprender a escuchar».[9] ¿No pasa eso también en muchas de nuestras iglesias?

Si el conflicto intergeneracional es causado en gran medida por la arrogancia intergeneracional, es válido afirmar también que «nuestra incapacidad de escuchar es la manifestación más constante y sutil de nuestra arrogancia y vanidad. […] No soportamos escuchar lo que dice la otra persona sin ofrecer inmediatamente una sugerencia mejor, sin mezclar sus aportaciones con las nuestras. Como si lo que dicen no mereciera una cuidadosa consideración y necesitara complementarse con nuestra propia opinión, que es mucho mejor».[10]

Para evitar caer en esta trampa, es necesario escuchar a nuestros hermanos. En este sentido, por ejemplo, se pueden realizar encuestas en la iglesia para identificar qué canciones les gustaría cantar, qué temas les resultan más atractivos y en qué actividades desean participar. Tras escuchar a los miembros, la iglesia debería planificar sus actividades considerando la distribución de las respuestas por grupos de edad (desde niños hasta ancianos). De esta manera, todas las generaciones se sentirán igualmente escuchadas y representadas en la experiencia de adoración.

Adoptar un liderazgo ≪multivocal≫. Este término lo utiliza Brian Uzzi ante la complejidad de la realidad multigeneracional y el reto de adoptar un paradigma intergeneracional.[11] Jessica Stollings explica que «esto significa convertirse en el tipo de líder que puede identificarse con cada miembro del equipo ministerial y de la congregación, y reunir sus perspectivas para el beneficio de todos».[12] Así, el liderazgo de la iglesia se aleja de una postura generacional partidista y comienza a actuar como una voz representativa de toda la congregación, considerando tanto a cada una de sus partescomo al conjunto.

Buscar la tercera alternativa. En situaciones de conflicto, la primera alternativa suele ser «a mi manera», en contraposición a la segunda: «a tu manera». Stephen Covey propone que, ante estos dilemas, se busque una tercera vía que promueva la reconciliación entre ambas.[13] A menudo, en el contexto de la iglesia, esta tercera vía es una combinación de las dos primeras. En otras palabras, es importante comprender que nuestra manera de afrontar la realidad no se limita a «mi manera» o «tu manera», sino que, en muchos casos, puede surgir de una reconciliación entre ambas, dando lugar a «nuestra manera» como una alternativa viable.

John Scorza, citando a Malcolm Gladwell, observa que las generaciones mayores tienden a comprender el funcionamiento de las organizaciones sociales en términos de jerarquía, mientras que las generaciones más jóvenes perciben este fenómeno desde una perspectiva de redes.[14] Este es un claro ejemplo de visiones del mundo colectivas que pueden entrar en conflicto si no se gestionan adecuadamente. Como afirma Gladwell: «El trabajo en red puede iniciar revoluciones, pero no puede completarlas. Ninguna forma es mejor que la otra. Son dos formas diferentes, con fortalezas y debilidades muy distintas. […] Lo que necesitamos es un sistema que extraiga lo mejor de las redes y lo combine con lo mejor de las jerarquías».[15]

La búsqueda de esta tercera vía a menudo lleva a la iglesia a experimentar transformaciones que solo pueden lograrse como resultado de la sinergia que propone este modelo de pensamiento.

Integrar los departamentos y servicios de la iglesia. Un modelo de liderazgo intergeneracional debe considerar la integración entre departamentos, ministerios y servicios, los cuales deben dialogar constantemente entre sí. Esto puede sonar novedoso, pero no lo es. También vale la pena destacar que «los departamentos existentes, desde la Asociación General hasta la iglesia local, están vinculados verticalmente entre sí, y cada departamento está vinculado a los demás a su propio nivel, horizontalmente».[16]

De esta manera, promover acciones conjuntas entre los diversos ministerios agrega valor a la construcción de este proceso. Las actividades del Ministerio Juvenil en la sala infantil, los momentos musicales con los niños durante el culto, los picnics con preguntas intergeneracionales promovidos por los ancianos, entre otras iniciativas, facilitan la integración entre las diferentes generaciones y fortalecen la vida comunitaria de la iglesia.

La adopción de estas prácticas ayudará al líder a crear un ambiente verdaderamente intergeneracional, en el que no solo estén presentes varias generaciones, sino que interactúen de la manera más armoniosa posible.

Conclusión

En última instancia, el objetivo del modelo de liderazgo intergeneracional es la comunión que se produce «cuando la belleza del otro y la belleza de uno mismo se encuentran en contrapunto».[17] Esta tarea solo será posible evitando los estereotipos y los prejuicios relacionados con la edad, que pueden superarse mediante la creación intencional de espacios para la colaboración mutua y el diálogo intergeneracional.[18]

La belleza de esta obra de arte llamada iglesia emerge cuando las generaciones se inclinan unas hacia otras, no para renunciar a sus propias convicciones, sino para permitir que el Espíritu rediseñe el conjunto. Así, en un colorido mosaico de generaciones, cada pieza reconoce que, aislada, no es más que un fragmento, pero comprende que, al unirse con las demás, compone una obra de arte capaz de reflejar la imagen del mismo Dios.

Sobre el autor: líder de la Iglesia Adventista en el estado de Sergipe, Brasil.


Referencias

[1] Por «multigeneracional» se entiende una pluralidad de generaciones en convivencia, pero no se analiza la relación entre ellas. En un ambiente multigeneracional, hay tolerancia, pero no integración. Ya no un ambiente intergeneracional, hay una mutualidad abarcadora, igualdad y reciprocidad, que hace más fácil la transformación individual y colectiva (ver Holly C. Allen, org., Intergenerate: Transforming Churches Through Intergenerational Ministry [Abilene Christian University Press, 2018], p. 18). Vale la pena recordar que un ministerio intergeneracional no es para beneficio de los niños y los jóvenes, sino para personas de todas las generaciones.

[2] Sheila Callaham, «Citibank, IBM, IKEA: Age Discrimination Lawsuits on the Rise», disponible en: link.cpb.com.br/918a04 (consultado el 9/2/2026).

[3] Quentin Forttrell, «Step Aside, Generation X — the Millennials Are Coming», disponible en: link. cpb.com.br/5e1cad (consultado el 9/2/2026).

[4] Sonia B. Orwell e Ian Angus, orgs., The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell: My Country Right or Left, 1940-1943 (Secker & Warburg, 1968), t. 4, p. 51.

[5] «Auguste Comte on the Natural Progress of Human Society», Population and Development Review 37 (2011), pp. 389-394

[6] AARP, «Global Insights on the Multigenerational Workforce August 2020», disponible en: link. cpb.com.br/db0dfb (consultado el 9/2/2026).

[7] OECD, Promoting an Age-Inclusive Workforce: Living, Learning and Earning Longer (OECD Publishing, 2020).

[8] Forbes Insights, «Global Diversity and Inclusion: Fostering Innovation through a Diverse Workforce», disponible en: link.cpb.com.br/f5330f (consultado el 9/2/2026).

[9] Rubem Alves, O Amor que Acende a Lua (Papirus, 2008), p. 65.

[10] Alves, O Amor que Acende a Lua, p. 67.

[11] Brian Uzzi, «Great Leaders Can Think Like Each Member of Their Team», disponible en: link.cpb. com.br/44ee12 (consultado el 9/2/2026).

[12] Allen, Intergenerate, p. 113.

[13] Stephen R. Covey, The 3rd Alternative: Solving Life’s Most Difficult Problems (Free Press, 2011).

[14] Allen, Intergenerate, p. 113.

[15] Ibid., pp. 114-115.

[16] Jolivê Chaves y Diego Barros, «As Bases Filosóficas do Evangelismo Integrado na História do Adventismo», Praxis Teologica 21.1 (2025), e-2 387.

[17] Alves, O Amor que Acende a Lua, p. 71.

[18] Michael S. North y Susan T. Fiske, «Modern Attitudes Toward Older Adults in the Aging World: A Cross-Cultural Meta-Analysis», Psychological Bulletin 141 (2015), pp. 993-1 021.