La moneda más poderosa de las relacions interpersonales

La moneda que más utilizamos en nuestra vida diaria es la influencia. Si bien no es transaccional como el dinero, el crédito, las acciones, los bonos, las materias primas o el bitcoin, es la más poderosa de todas porque moldea la forma en que las personas piensan, eligen y actúan.

La verdadera influencia no es coerción, que impone decisiones y, por lo tanto, pierde su capacidad de motivar genuinamente. La influencia opera en un entorno de libertad, y es precisamente por eso que florece, crece y se extiende.

El mayor influyente

El ejemplo supremo del triunfo de la influencia es el de un carpintero que llegó a ser maestro y restaurador, pero que fue brutalmente ejecutado por un régimen totalitario. Murió sin poseer nada (Dan. 9:26). No tenía posesiones, riquezas, cargo institucional, ni siquiera ropa; murió desnudo. Y, sin embargo, es la persona más influyente de la historia de la humanidad, porque encarnó la fuente de influencia más poderosa del universo: el amor divino (1 Juan 4:8, 16).

Según los estándares de la humanidad, Jesús de Nazaret fue un completo fracaso. Pero la historia demostró que el mundo estaba equivocado. La buena influencia —aquello que no es de este mundo— vence al mundo. José y Daniel ilustran este mismo principio. La extraordinaria influencia de su espíritu piadoso, su servicio y su integridad se enfrentó a las influencias malignas y conmovió a grandes potencias. Sin duda, eran hombres muy inteligentes, pero fue su confianza en la sabiduría divina lo que les otorgó una ventaja abrumadora sobre los más grandes pensadores de su tiempo.

La influencia de Salomón

Dios usó a José y a Daniel como instrumentos de evangelización, y también lo hizo mediante la impresionante sabiduría que le fue concedida a Salomón. El punto culminante de toda la historia del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento es el relato de la evangelización llevada a cabo con excelencia. «La reina de Sabá oyó la fama de Salomón y su relación con el nombre del Señor, y vino a probarlo con preguntas» (1 Rey. 10:1).

La reina era de Sabá, en la península sudoccidental de Arabia, hoy Yemen. Actualmente, la ruta más comúnmente transitada entre Yemen y Jerusalén es de más de unos 2 900 km. Incluso si la reina hubiera viajado por una ruta más corta, de solo 2 400 km, recorriendo unos 32 km al día en camello, su viaje habría durado aproximadamente 2 meses y medio. ¡Eso sí que es motivación!

La Biblia relata: «Vino a Jerusalén con una gran comitiva, […] Cuando llegó, habló con Salomón todo lo que traía en su corazón. Y Salomón respondió a todas sus preguntas; nada hubo que no le respondiera. Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, […] se quedó asombrada. Y dijo al rey: “Es verdad lo que oí en mi tierra de tus cosas y tu sabiduría. Pero yo no lo creía hasta que vine, y mis ojos han visto que no me dijeron ni aun la mitad. […] El Señor tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel. Por el amor que el Señor siempre tuvo por Israel, te ha puesto por rey para que administres derecho y justicia”» (vers. 2-9).

¡Qué admirable! No solo alabó a Salomón, sino que glorificó al Señor, porque comprendió que él era la fuente del éxito del rey. Así, el conocimiento de Dios llegó incluso al lejano Yemen gracias a la influencia de Salomón. ¿Cuánto valoraba la reina de Sabá las enseñanzas de Salomón? «Y ella dio al rey ciento veinte talentos (4 toneladas) de oro, mucha especiería y piedras preciosas» (vers. 10). Tan solo las 4 toneladas de oro ya tenían un valor impresionante: equivalente a más de 228 millones de dólares al precio actual del metal. ¡Una extraordinaria «cuota mensual» voluntaria, pagada por un solo estudiante!

La historia de Salomón y la reina de Sabá fue uno de los cumplimientos de la promesa del pacto que el Señor había hecho con Israel por medio de Moisés: «Si obedeces cabalmente la voz del Señor tu Dios, para cumplir todos sus mandamientos que te prescribo hoy, el Señor tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Además, las siguientes bendiciones vendrán y te alcanzarán, si obedeces la voz del Señor tu Dios: […] El Señor te pondrá por cabeza y no por cola; estarás encima y nunca debajo, si obedeces los mandamientos del Señor tu Dios, que hoy te ordeno que guardes y cumplas» (Deut. 28:1-2, 13).

Promesa de bendición

Lamentablemente, Salomón se apartó de la sabiduría de Dios, y su influencia negativa llevó a la nación por un camino de decadencia del que jamás se recuperó. Pero la promesa divina de bendiciones —que acompaña a la excelencia— permanece. Isaías afirma: «En el último tiempo será confirmado el monte de la casa del Señor como cabeza de los montes; será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Vendrán muchos pueblos y dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Nos enseñará sus caminos y andaremos en sus sendas”. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor. Juzgará entre las naciones, reprenderá a muchos pueblos. Y convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra» (Isa. 2:2-4).

Si alguna vez el mundo necesitó que se cumpliera esta visión, es ahora. En una pared exterior del edificio de las Naciones Unidas, en Nueva York, está grabada la cita de Isaías 2:4. Dentro de ese edificio, considerado el centro de la paz mundial, embajadores de muchas naciones intentan negociar el fin de los conflictos y resolver los problemas que afectan al planeta. Pero solo la plena aceptación de la influencia del Príncipe de la Paz traerá soluciones duraderas. Los seres humanos egoístas ya han demostrado nuestra incapacidad para gobernar; por lo tanto, Cristo pronto regresará para restaurar la paz que planeó para nosotros desde el principio. Sin embargo, mientras no venga, desea que usemos nuestra influencia para el bien.

Influencia cristiana

Los cristianos tenemos el privilegio de glorificar a Dios mediante los dones que él nos ha dado para el cumplimiento de la misión del evangelio. Por eso, les ofrecemos algunos consejos:

Primero, enfóquense en compartir personalmente los principios bíblicos de la manera más eficaz y eficiente posible. Un puesto en la iglesia puede ser una excelente plataforma para el servicio, pero nuestra influencia puede expandirse exponencialmente a través de otros medios, como el ámbito académico y las redes sociales. Quizá ya nos hayamos preguntado cómo los mensajes de Dios para los últimos tiempos podrían llegar al mundo entero tan rápidamente; hoy comprendemos que pueden volverse virales en Internet al abordar problemas que afectan a miles de millones de personas.

Segundo, reconozcan dónde está obrando Dios y únanse a él para restaurar el sacerdocio de todos los creyentes. Animen a hombres, mujeres, niños y niñas a identificar, desarrollar y usar las habilidades que han recibido para el servicio. Todo verdadero cristiano está llamado a ser misionero. Usen su influencia para ese propósito.

Tercero, manténganse humildes y dependientes de Dios, sin permitir que los obstáculos humanos los desvíen o desanimen. A medida que Dios nos guía para llegar a las personas de maneras creativas —quizá sin precedentes— y nos concede el éxito, algunos pueden intentar limitarnos, manteniéndonos dentro de sus zonas de confort. Nuestro éxito puede amenazar el ego de algunos. Todos sabemos que la competencia, la envidia y el orgullo no tienen cabida en la obra de Dios, pero aun así pueden florecer de forma destructiva, secreta o inconsciente, y deben combatirse con firmeza y sabiduría. A veces necesitamos orar así: «Señor, envía un ángel que me proteja de los enemigos y otro ángel que me proteja de los amigos».

Cuarto, mantengan la integridad y el equilibrio en su comunicación oral y escrita. Exploren nuevas maneras de enseñar la verdad. Nuestro objetivo, por la gracia de Dios, es alcanzar al mundo, no solo predicar a quienes ya comparten nuestras ideas o nos rodean.

En quinto lugar, recordemos que nuestra misión es con las personas, no solo con las ideas. Los conceptos bíblicos se centran en las relaciones, no solo en el contenido del discurso. Todos encontramos innumerables oportunidades para ampliar nuestra comprensión y fortalecer nuestra influencia al conectar no solo con personas de nuestra misma tradición de fe, sino también con quienes conocemos en lugares públicos o a través de los medios de comunicación. No son solo mentes, sino personas con necesidades reales. Aunque parezcan seguras de sí mismas, pueden necesitar (y agradecer profundamente) apoyo personal, aliento y oración al enfrentar momentos difíciles.

Recuerden: la moneda de cambio con la que trabajamos es la influencia. Si estamos plenamente unidos a Dios, su influencia fluirá a través de nosotros.

Sobre el autor: Profesor de Biblia Hebrea y Lenguas del Antiguo Oriente en la Universidad Andrews, Estados Unidos