Orientaciones prácticas para hablar sobre fidelidad
La Biblia nos enseña: «Considera atentamente el estado de tus ovejas, cuida tus rebaños» (Prov. 27:23). El cuidado pastoral implica diversas exigencias, y una de ellas es prestar especial atención a la fidelidad de los miembros y los líderes, incluyendo la devolución de los diezmos y las ofrendas.
Muchas razones pueden llevar a un líder de la iglesia a no diezmar, como la falta de conocimiento sobre el tema, la ausencia de ingresos fijos, situaciones de emergencia (enfermedad o fallecimiento de un familiar, pérdida del empleo), desorganización financiera o la asignación de recursos para atender las necesidades de la congregación local o de los feligreses. También existen casos de negativa motivada por la desconfianza o incluso la rebeldía.
Sea cual sea la razón, una cosa es segura: se trata de un asunto espiritual. Las diferentes justificaciones suelen revelar algún tipo de crisis que el líder está atravesando.
Por lo tanto, nos corresponde a nosotros, los pastores, buscar comprender la verdadera razón y ofrecer la guía adecuada, de manera que esté en armonía con las Escrituras en este aspecto, con el fin de lograr tanto la salvación de los feligreses como el fortalecimiento de la iglesia que dirigen.
A continuación, se presentan algunos consejos prácticos para fomentar la fidelidad en las iglesias:
1. Trabajar en la Junta directiva sobre este tema. Presenten el tema, fundamentándolo en la Biblia, el Espíritu de Profecía y el Manual de la Iglesia. Aclaren que se trata de un asunto esencialmente espiritual y que el objetivo no es privar a nadie del ejercicio de sus dones para dirigir la iglesia, sino que todos sean hallados fieles en este aspecto el día en que Cristo se manifieste en gloria.
Enfaticen que la fidelidad a Dios en los diezmos y ofrendas debe cultivarse con la iglesia, que este aspecto se considerará en el proceso de nombramiento y que la congregación espera que sus líderes sean un ejemplo en este ámbito, y procura comprender, con empatía, los factores que han influido en su decisión o dificultad. Asegúrale que la conversación será confidencial y recalca que el propósito principal es apoyarlo en su caminar con Dios, ayudándolo a vivir de una manera coherente con los valores del Reino. Explícale que el liderazgo en la iglesia implica un testimonio público de fidelidad, y que incluye la manera en que administramos los recursos que el Señor nos confía.[1]
Evita transmitir la idea de que la salvación depende del diezmo. En cambio, enfatiza que la fidelidad es una respuesta amorosa a la gracia recibida, un reflejo de la entrega del corazón a Cristo.
4. Aprovechar el periodo de nombramientos de lideres para enfatizar el tema. Este proceso, que suele tener lugar en el último trimestre de cada año, ofrece una oportunidad estratégica para abordar el tema de la fidelidad con el liderazgo y permite realizar los ajustes necesarios una vez agotados todos los esfuerzos para que el líder regularice su situación.
Presenta el asunto en una reunión de la comisión de nombramientos, basándote en la Biblia, el Espíritu de Profecía y el Manual de la Iglesia. Establece los criterios que se observarán durante todo el proceso de nominación, los cuales podrían impedir que ciertos candidatos asuman el cargo.
Considerando que se ha trabajado previamente con los oficiales durante todo el año, la aplicación de las directrices del Manual de la Iglesia tiende a ser menos ardua.
Acciones prácticas adicionales:
a. Ofrece apoyo espiritual. Brinda atención pastoral mediante la oración, la escucha activa y el estudio bíblico sobre la mayordomía (Mal. 3; Mat. 6:21; 2 Cor. 8- 9).
b. Comparte recursos formativos. Sugiere lecturas como Consejos sobre mayordomía cristiana, de Elena de White, y materiales de la DSA sobre educación y fidelidad financiera.
c. Sé (o busca) un mentor. Si es apropiado, guía al líder a buscar el apoyo de un mentor espiritual para su aprendizaje y crecimiento.
d. Ofrece ayuda. Si la dificultad está relacionada con cuestiones financieras, ayuda a desarrollar un plan básico de reorganización, desde una perspectiva cristiana sobre la gestión de recursos.
e. Brinda orientación sobre los pasos a seguir. Si la situación lo requiere, analiza con el líder la posibilidad de una licencia temporal, con el seguimiento y el apoyo del liderazgo local, siempre con el objetivo de restaurar la integridad del ministerio.
Criterios
1. Miembros locales. Los miembros en regla son elegibles para ocupar cargos de liderazgo en la iglesia a la que pertenecen.
2. Ejemplo en dar el diezmo. Todos los oficiales deben dar el ejemplo en la devolución del diezmo a la iglesia. Quienes no demuestren este compromiso no deben ser elegidos para cargos de liderazgo.[2]
3. Miembros bajo censura. Los miembros bajo censura no tienen derecho a participar, ni por voz ni por voto, en asuntos administrativos, ni a dirigir actividades de la iglesia.[3]
4. Uso de joyas. «En las Escrituras, se enseña con claridad que el uso de joyas es contrario a la voluntad de Dios».[4]
5. Personas que no desean participar. Personas que previamente han expresado su deseo de no asumir cargos.
6. Confidencialidad. Como se indica en el Manual de la Iglesia, «todas las indagaciones y las discusiones de la comisión son confidenciales».[5] Por lo tanto, en mi práctica pastoral, he procurado llevar a cabo el trabajo de la comisión de nombramientos de tal manera que quienes no estén en armonía con los criterios preestablecidos no queden expuestos.
Sugerencias para evitar la exposición pública
1. Establecer criterios. Presentar los criterios que se observarán en el proceso de nominación y someterlos a votación.
2. Nominaciones anónimas. Indicar a los miembros de la comisión de nombramientos que realicen las nominaciones en papel, a través del sistema 7vote.org o por otros medios, siempre que cumplan con las directrices del Manual de la Iglesia.
3. Filtrado de nombres. Pide que la comisión de nombramientos filtre los nombres nominados según los criterios preestablecidos antes de que se muestren en el tablero o la pantalla.
4. Retirar nombres nominados. Es posible que algunos nombres deban retirarse al momento de su presentación en el tablero o pantalla por no cumplir con los criterios preestablecidos. En estos casos, indica a los miembros de la comisión de nombramientos que no pregunten públicamente por qué una persona nominada no apareció. La explicación previamente acordada es que el nombre no se presentó porque no cumplía con uno o más de los criterios definidos.
5. Recomendaciones. Antes de emitir una carta de recomendación para que un miembro predique o participe en otras congregaciones; de entregar una tarjeta de líder para Aventureros, Conquistadores o Jóvenes; de nominar a alguien para cargos como coordinador, coordinador regional, entre otros, verifica si el miembro solicitante es un diezmador fiel y si tiene ingresos. Si se encuentra en una situación irregular, contáctalo para comprender lo sucedido y ayudarlo a regularizar su situación, recomendándolo solo después de este paso.
Enseñanzas bíblicas
Sustentamiento del ministerio. «He dado a los levitas todos los diezmos de Israel como heredad, por su ministerio, por su servicio en la tienda de reunión» (Núm. 18:21).
Diezmo de diezmos. «Así dirás a los levitas: Cuando reciban de los israelitas los diezmos que les he dado a ustedes por herencia, presentarán de ellos una ofrenda mecida al Señor, el diezmo de los diezmos» (Núm. 18:26). Del Señor viene la fuerza. «No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos”. Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy su pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados» (Deut. 8:17-18, NVI).
Gratitud. «Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes, siendo todo tuyo? Lo que hemos recibido de tu mano, eso te damos» (1 Crón. 29:14).
Dios primero. «Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mat. 6:33).
Principios revelados
Primero a Dios. «No debemos consagrarle lo que queda de nuestras entradas después de haber satisfecho nuestras necesidades reales o imaginarias; antes de gastar nada, debemos apartar lo que Dios ha especificado como suyo».[6]
Buscar la restitución. «Si han rehusado tratar honradamente con Dios, les ruego que piensen en su deficiencia, y, si es posible, que hagan restitución». Si no es posible hacerlo, con humilde arrepentimiento, oren para que Dios les perdone, por amor a Cristo, la gran deuda.[7]
El plan de Dios. «Dios desea que todos sus mayordomos sigan con exactitud las disposiciones divinas. No deben contradecir los planes del Señor llevando a cabo alguna obra de caridad, o dando algún regalo u ofrenda, cuando o como ellos, los instrumentos humanos, consideren conveniente. Los hombres practican un procedimiento muy pobre cuando procuran mejorar el plan de Dios, e inventar un sustituto, haciendo prevalecer sus buenos impulsos en esta o aquella ocasión y oponiéndolos contra los requerimientos de Dios. Dios pide que todos respalden con su influencia sus propias disposiciones».[8]
Lo que se espera de un pastor. «El ministro, por precepto y ejemplo, debe enseñar a la gente a considerar el diezmo como algo sagrado. Este no debe pensar que puede retenerlo y usarlo según su criterio personal, porque es un ministro. No le pertenece. No está en libertad de dedicarlo para sí mismo sea lo que fuere que piense que se le debe. No debe respaldar con su influencia ningún plan para apartar de su uso legítimo los diezmos y las ofrendas de Dios. Estos deben colocarse en su tesorería y considerarse sagrados para su servicio, tal como él lo ha designado».[9]
Propósito establecido por Dios. «El diezmo ha sido puesto aparte con un propósito especial. No debe considerarse como un fondo para pobres. Debe dedicarse especialmente al sostén de los que predican el mensaje de Dios al mundo; y no hay que desviarlo de este propósito».[10]
Manual de la Iglesia
Vida ejemplar. «Todos los oficiales darán el ejemplo en cuanto a devolver el diezmo fielmente y dar ofrendas a la iglesia. El que deja de dar ejemplo en este asunto importante no será elegido para ningún cargo de la iglesia».[11] «Se espera que los ancianos y otros oficiales, al igual que el pastor y los obreros de la Asociación, y de otras instituciones, den un buen ejemplo de liderazgo al devolver el diezmo». Nadie debería permanecer como líder de la iglesia o empleado de la Asociación si no se ajusta a este estándar de liderazgo.[12]
Promoción de la devolución de los diezmos. Los ancianos, mediante su ejemplo en la devolución fiel de los diezmos, deben animar a otros miembros a que también devuelvan fielmente los suyos. Pueden promover el diezmo presentando públicamente el privilegio y la responsabilidad bíblicos de la mayordomía cristiana y mediante un esfuerzo personal con los miembros de manera delicada y constructiva.[13]
Conclusión
Cuidar la fidelidad cristiana es parte inseparable de un pastoreo responsable y amoroso. Cuando este tema se aborda con claridad bíblica, sensibilidad pastoral, confidencialidad y un espíritu redentor, la iglesia se fortalece, los líderes se preservan y el testimonio del evangelio se honra. Así, al conocer el estado del rebaño y guiarlo fielmente a las Escrituras, cooperamos para que la iglesia se mantenga sana y preparada para el encuentro con Cristo.
Sobre el autor: Líder de Mayordomía, Salud y Acción Solidaria Adventista en Brasilia
Referencias
[1] Ver Manual de la Iglesia (ACES, 2025), p. 90.
[2] Ibid., p. 90.
[3] Ibid., p. 80.
[4] Ibid., p. 189.
[5] Ibid., p. 144.
[6] Elena de White, Consejos sobre mayordomia cristiana (ACES, 2013), p. 84.
[7] Ibid., p. 101.
[8] Ibid., pp. 103-104.
[9] Ibid., p. 103.
[10] Ibid., p. 105.
[11] Manual de la Iglesia, p. 90.
[12] Ibid., p. 176.
[13] Ibid., pp. 94-95, 176, 179.
