Antes de dedicarse íntegramente al ministerio pastoral, Otávio Barreto sirvió como voluntario en diferentes países y actuó en el mundo empresarial. Su trayectoria pastoral comenzó en 2011, cuando fue pastor distrital y, posteriormente, líder del Ministerio Personal en la Asociación Pernambucana. Natural de Recife (estado de Pernambuco, Brasil), cursó una maestría en Teología, un posgrado en Administración de Empresas, una especialización en ONG y una maestría en Liderazgo y Gestión Estratégica de Personas. Actualmente, es doctorando en Teología Pastoral por la Universidad Adventista del Plata.

En 2019, fue nombrado secretario ejecutivo de la Asociación Cearense, campo del cual también llegó a ser presidente. A partir de diciembre de 2022, pasó a ejercer la función de secretario ejecutivo de la Unión Nordeste Brasileña, hasta ser llamado, en noviembre de 2025, para actuar como secretario ministerial asociado de la División Sudamericana (DSA). En esta entrevista, aborda temas relacionados con el liderazgo y presenta estrategias de la Asociación Ministerial para la formación de líderes. Está casado con Cristiane Barreto, con quien tiene dos hijas: Lara y Alice.

En el cambio de siglo, obras como La Paradoja, de James C. Hunter, influenciaron en el mundo empresarial. Más de dos décadas después, ¿se ha ampliado el concepto de liderazgo?

A principios de la década de 2000, el énfasis estaba en el liderazgo de servicio, la inteligencia emocional y la influencia relacional. Esto fue importante para, en muchos contextos, desplazar el foco de la autoridad jerárquica hacia la influencia moral y relacional. Hoy, sin embargo, el escenario es más complejo. Es necesario tener una identidad clara, fundamento bíblico y enfoque en la misión de la iglesia. El liderazgo no puede ser solo técnico; se requiere también flexibilidad para comprender el contexto, sensibilidad humana y firmeza en la dirección.

¿En qué medida los programas de posgrado de las instituciones de enseñanza adventistas han contribuido a la formación de una nueva generación de líderes?

En mi visión, estos programas desempeñan un papel estratégico en tres dimensiones: (1) consolidar la visión adventista de liderazgo, fortaleciendo nuestra identidad y evitando que nuestros líderes sean moldeados solo por técnicas corporativas; (2) ofrecer herramientas validadas, capacitando a nuestros líderes para hacer avanzar a la iglesia, siempre dependientes del Espíritu Santo; y (3) integrar la competencia técnica al propósito misionero. En la iglesia, todo debe estar orientado a la salvación de las personas; de lo contrario, debe ser repensado o descartado.

¿Cuáles son los grandes desafíos en el área del liderazgo en el contexto sudamericano?

Pienso que los cuatro énfasis de la iglesia para este quinquenio traducen los grandes desafíos en el área del liderazgo:

Identidad. Los líderes adventistas necesitan tener claridad, en un mundo polarizado e ideológico, sobre quiénes somos y cuál es nuestra misión.

Liderazgo. Debemos ser intencionales en la formación de líderes que conozcan nuestra historia, estén comprometidos con nuestras creencias y se enfoquen en la predicación del evangelio eterno, haciendo avanzar a la iglesia en su misión.

Nuevas generaciones. No podemos esperar simplemente que otros involucren a los más jóvenes. El liderazgo debe actuar a través de las juntas eclesiásticas, en los diversos niveles, para integrar a las nuevas generaciones y «hacer iglesia» con ellos, no solo para ellos.

Discipulado. Además de bautizar, es necesario discipular. El discipulado es un proceso continuo que ocurre antes y después del bautismo. El liderazgo de la iglesia necesita conquistar nuevos miembros y cuidar de aquellos que llegan. Si los líderes no abren ambos brazos del discipulado y no ayudan a la iglesia a hacer lo mismo, no cumplirán su papel.

¿Cuáles son las estrategias de la Asociación Ministerial de la DSA para formar y desarrollar líderes en este quinquenio?

Integrada a la misión, la Asociación Ministerial comprende que el ministerio debe estar centrado en Cristo; es decir, caminar con Cristo diariamente, servir como él sirvió y proclamar su pronto regreso. Esta visión involucra a los pastores en sus diversas áreas de actuación, así como al ancianato y al diaconato. Como instrumentos para este propósito, invertiremos en el Plan de Desarrollo Ministerial, con sus competencias definidas; en las revistas Ministerio y Ancianato; y en el uso de plataformas digitales para ofrecer educación continua a nuestros líderes.

¿Qué papel deben desempeñar hoy los jóvenes en el liderazgo de la iglesia?

Los jóvenes son parte activa del presente de la iglesia. Deben participar en los procesos de decisión, en las iniciativas misioneras y en la conducción de la iglesia en el día a día. La Biblia presenta un modelo de liderazgo intergeneracional y colaborativo. Esa integración es esencial para la vitalidad de la iglesia.

Ante los desafíos contemporáneos, ¿qué competencias pastorales son prioritarias en el proceso de formación ministerial?

El Plan de Desarrollo Ministerial presenta las competencias esenciales:

Comunion. Estar anclado diariamente en Cristo, antes de servir a los demás.

Relacion. Escuchar y comprender con empatía, antes de decidir.

Administracion. Conducir la iglesia con transparencia e integridad.

Liderazgo. Inspirar, formar y conducir a otros a proclamar el evangelio.

Mision. La iglesia que no hace nuevos discípulos, no bautiza ni prepara personas para la vuelta de Jesús está condenada a morir. No se trata de una elección, sino de nuestra razón de existir.

Los líderes deben avanzar en el cumplimiento de la misión, guiando a la iglesia con el ejemplo.