Tito no era famoso. No era apóstol. No pertenecía al linaje de Judá. No escribió ninguna epístola. No alimentaba su propio ego mediante el servicio. Sin embargo, cuando la situación se volvía complicada, cuando la iglesia estaba al borde del colapso y nadie sabía qué hacer, Pablo llamaba a Tito. Él era el líder elegido para los grandes desafíos.
Desafio 1: El debate en el Concilio de Jerusalen. Gálatas 2:1-3 relata cómo Pablo llevó consigo a Tito —su amigo y colaborador en la misión, pero también un gentil incircunciso— a esta reunión crucial de la iglesia apostólica. Con maestría, Pablo presentó las razones por las cuales Tito no debía ser sometido a la circuncisión, un rito judío abolido por la muerte de Jesús. Tito permaneció firme; no cedió a la presión popular ni a la tradición religiosa. La iglesia hoy necesita líderes como él: que no adapten la fe para agradar a otros y que tengan convicciones firmes.
Desafio 2: Pastorear la iglesia de Corinto. Los capítulos 7 y 8 de 2 Corintios destacan el envío de Tito a esta gran ciudad, el distrito que nadie quería. ¿Qué pastor desearía una congregación con divisiones, inmoralidad sexual tolerada, pleitos judiciales entre creyentes, mal uso de los dones espirituales y negación de doctrinas fundamentales, como la resurrección de los muertos?
Una iglesia complicada necesitaba del liderazgo de Tito. Precisaban de su firmeza carente de arrogancia, de su capacidad de comunicar mensajes difíciles sin suavizarlos, y de su sabiduría para no arruinar aquello que aún podía ser salvado. Líderes así no solo son útiles, son indispensables.
Desafio 3: La colecta para las iglesias. 2 Corintios 8:16 revela el altruismo de Tito. Un verdadero líder es aquel que acepta realizar el trabajo más complicado y asumir la misión más ardua. Después de todo, ¿quién desearía recorrer las iglesias recogiendo ofrendas para llevarlas a los hermanos en Jerusalén? En aquel tiempo no había transferencias bancarias ni billeteras virtuales. Transportar dinero podía despertar sospechas y causar cuestionamientos éticos. Pero alguien debía hacerlo, y allí estaba Tito.
Desafio 4: Pastorear las iglesias de Creta. La carta de Pablo a Tito retrata la situación que este líder encontraría en esta isla del Mediterráneo. Creta no era un lugar fácil. Sus habitantes tenían fama de mentirosos y corruptos.
Los errores teológicos estaban a la orden del día, y los falsos maestros abundaban incluso dentro de la iglesia. Tal vez los desafíos anteriores habían preparado a Tito para esa gran misión. Solo alguien con un carácter probado como el de Tito podría enderezar lo torcido, confrontar errores y establecer disciplina sin perder el espíritu de amor.
En Creta, Tito no solo protegió la verdad, sino que formó discípulos y dejó un legado. Tal vez Dios te haya colocado en un lugar caótico no solo para que sobrevivas, sino para que lo transformes.
Esta historia olvidada puede ser la tuya. Tal vez enfrentas un desafío inesperado o una tarea que parece superar tus fuerzas. Quizás estés siendo llamado a sustentar la fe cuando otros vacilan. Recuerda que el liderazgo «imposible» no es un castigo de Dios; es una señal de la confianza del cielo.
Dios todavía busca líderes como Tito: firmes, fieles, amorosos, leales y llenos de propósitos eternos.
Sobre el autor: Editor de Ministerio, edición de la ACES
