En un antiguo bosque, se erguía un enorme y respetado roble, líder inconfundible de la región. A su alrededor, crecían brotes jóvenes. Un día, los brotes se acercaron y le dijeron al roble: «Tu sombra nos protege, pero a veces también nos ahoga. Necesitamos más luz y espacio para crecer». El roble respondió: «Nada cambiará». Con el paso del tiempo, los brotes se debilitaron y fueron muriendo. Hasta que una furiosa tormenta azotó al bosque, y el roble resistió, pero perdió muchas ramas. Esto hizo que la luz solar pudiera llegar hasta los nuevos brotes, que empezaron a crecer sin problemas.
Los grandes líderes no son los que más resisten. Son los que escuchan las necesidades de las nuevas generaciones. Quien no escucha, aunque sea fuerte y sabio, terminará sin un bosque que liderar. Escuchar nos saca de nuestra zona de comodidad. ¿No me creen? Vean lo siguiente. Reproduciré observaciones que fui recogiendo de adolescentes y jóvenes en distintos países de Sudamérica a lo largo de los últimos años.
«¿Por qué los pastores dicen una cosa y hacen otra?». Los estudios de campo en materia sociológica indican que las nuevas generaciones no se impresionan por el carisma o el conocimiento de un líder; sino por el carácter cristiano y la consagración de ese líder. No son impactadas por líderes capacitados, sino por líderes transformados. La línea entre lo que soy el sábado y lo que soy en la semana no existe para ellos. Por eso, el discipulado atraviesa mis hábitos, mi trabajo, mis relaciones, mi familia, mi dinero. Somos pastores adventistas todos los días de la semana. Las nuevas generaciones buscan líderes «reales», que sean genuinos y que no teman compartir sus luchas y procesos de fe. Los brotes observan la coherencia del árbol superior y deben ser contagiados por ella.
«Veo que hay cierta manipulación emocional por parte de los pastores, y eso no me gusta». Y no se trata solamente de una cuestión de gustos. Se trata, simplemente, de que no es correcto. Haz lo que tengas que hacer, di lo que tengas que decir, corrige lo que tengas que corregir y aplica la disciplina que tengas que aplicar. Pero hazlo siempre con argumentos y razonamientos bíblicos. Hazlo con veracidad, respeto y amor. No promovemos una iglesia sin reglamentos ni manuales. Sí alentamos a que se utilicen los métodos correctos para lograr los cambios necesarios. Los brotes necesitan ser orientados y asesorados con un sano equilibrio entre la justicia y el amor, a fin de crecer con orden y prosperidad.
«El pastor vive sin problemas de dinero y la iglesia les paga todo». Es cierto que han ocurrido algunos tristes casos de enriquecimiento ilícito de ministros y que, muchas veces, se toma la parte por el todo. Pero también es cierto que estamos llamados a dar un testimonio de modestia y no de ostentación, recordando que somos misioneros y que las posesiones materiales no son nuestra prioridad. Los brotes crecen mejor al amparo de la humildad y la transparencia de los grandes líderes.
La fidelidad, la obediencia y el llamado a la misión se aplican tanto a robles antiguos como a brotes nuevos. Por eso, Pablo (un gran roble experimentado) le dice a Timoteo (un líder de las nuevas generaciones): «No permitas que ninguno menosprecie tu juventud; sino sé ejemplo de los fieles en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Tim. 4:12).
Escucha a las nuevas generaciones y dialoga sinceramente con ellas; pero también capacítalas, instrúyelas y guíalas. Sé firme, pero ten paciencia. Los brotes necesitan crecer y desarrollarse aprendiendo de los robles experimentados.
Sobre el autor: Editor de Ministerio, edición de la ACES
