De los cerca de 2,7 millones de adventistas en el territorio de la División Sudamericana, aproximadamente 395 mil —el equivalente al 14 % de los miembros en esta región del mundo— son niños y adolescentes de hasta 16 años. Es justamente en esta franja etaria donde la iglesia en el continente ha registrado el mayor número de bautismos, que evidencian la fuerza y el potencial de las nuevas generaciones en el avance de la misión.

Entre 2022 y 2024, iniciativas de evangelismo y discipulado alcanzaron a más de 1 millón de niños y adolescentes en ocho países sudamericanos.[1] Este movimiento revela un esfuerzo intencional de la iglesia, que va desde inversiones en infraestructura —como la construcción y revitalización de espacios infantiles en los templos locales— hasta el desarrollo de materiales, programas y estrategias orientados a la formación espiritual desde los primeros años de vida.

Aun así, en un contexto marcado por cambios rápidos, lenguajes nuevos y formas cada vez más diversas de relacionarse con la fe, surge un desafío inevitable: ¿cómo alcanzar, involucrar y discipular a niños y adolescentes de manera realmente significativa?

Para reflexionar sobre este escenario y señalar caminos posibles, conversamos con Gláucia Korkischko, líder del Ministerio Infantil y del Adolescente para ocho países de Sudamérica. A lo largo de su trayectoria, también se desempeñó como profesora, orientadora, coordinadora pedagógica y directora escolar. Su experiencia con el Ministerio Infantil se desarrolló no solo en el ambiente educativo, sino también en las congregaciones locales por donde pasó. Pedagoga, psicopedagoga, madre y servidora activa, se ha dedicado a la formación espiritual de niños y adolescentes, dialogando con las demandas reales de una generación en constante transformación.

¿Por qué el enfoque de la iglesia en las nuevas generaciones es tan urgente en este momento de la historia, y qué desafíos preocupan más al liderazgo hoy?

Es urgente porque esta generación está en formación, en pleno desarrollo, inserta en un mundo repleto de atractivos que pueden desviarla del enfoque principal: la salvación. Los desafíos son muchos, y los datos indican que, cada año, un número significativo de jóvenes se ha alejado de la fe.

¿Qué podemos hacer para que los niños y adolescentes no solo asistan a la iglesia, sino que desarrollen una identidad espiritual sólida y un sentido de misión?

Necesitamos ayudarlos a amar a Jesús y su Palabra, cultivando en sus corazones valores eternos. Esto implica un discipulado intencional y consistente, que vaya más allá de la realización de eventos, programas y proyectos. Más que mantenerlos ocupados, es esencial conducirlos a una experiencia personal y significativa con Dios, incluyendo actividades misioneras para cada edad.

En la práctica, ¿qué caracteriza a un discipulado eficaz para las nuevas generaciones? ¿En qué han acertado más los líderes y dónde necesitan avanzar todavía?

El discipulado eficaz es relacional: implica caminar lado a lado, servir de modelo y practicar la mentoría. Muchos líderes han acertado al abrir espacio para los jóvenes y acompañarlos de cerca en su jornada espiritual. No obstante, todavía hay quienes necesitan avanzar en esta comprensión. En algunas iglesias, por ejemplo, ellos ni siquiera tienen la oportunidad de ocupar el púlpito, muchas veces por falta de confianza.

Vivimos en una cultura altamente digital y marcada por cambios rápidos. ¿Cómo puede la iglesia dialogar con esta realidad sin perder su mensaje profético?

Con sabiduría, fundamentación bíblica y disposición para escuchar. La iglesia necesita comprender el universo de las nuevas generaciones, aprender con ellas, preparar recursos digitales contextualizados y, juntos, construir caminos en los que sus dones sean puestos al servicio de la misión.

¿Cuál es el papel de la familia en el desarrollo espiritual de niños y adolescentes, y cómo pueden los pastores apoyar a los padres y responsables de manera más intencional?

La familia es el cimiento; sin él, no hay estructura que se sostenga. Los pastores y líderes pueden, y deben, apoyar a los padres por medio de orientaciones, encuentros, conferencias, vivencias colectivas y tutoría. Todo esto contribuye a la comprensión de una verdad esencial: todo comienza en casa.[2]

¿Qué tipo de liderazgo es necesario hoy para alcanzar a las nuevas generaciones y cuidar de ellas? ¿Cómo preparar a pastores, profesores y otros líderes para este desafío?

Son necesarios líderes dispuestos a conectarse con esta generación. Vivimos en la era de la conexión; sin ella, no hay comunicación, y viceversa. En ese sentido, la División Sudamericana ha invertido, año tras año, en cursos que abordan temas relevantes y actuales, con el objetivo de capacitar y formar líderes más preparados para este desafío.

¿Cuáles son tus expectativas para las nuevas generaciones en Sudamérica? ¿Qué tipo de iglesia esperas ver como resultado de las acciones estratégicas a lo largo de este quinquenio? ¿Por qué oras?

Mi oración es por una iglesia que ame, motive, dé espacio, instruya, estudie y apoye de todas las formas posibles, incluso financieramente. Una iglesia intergeneracional, que una a padres, hijos y a la educación cristiana, con el propósito de formar jóvenes fieles, como Daniel, para los días de hoy: niños y niñas llenos de los valores del Reino eterno.

Son necesarios líderes dispuestos a conectarse con esta generación.


Referencias

[1] Maita Torres, «Relatório evidencia fortalecimento missionário na América do Sul», Adventist News Network, disponible en: link.cpb.com.br/1e830e (consultado el 23/4/2026).

[2] «Todo comienza en casa» es el título de la nueva propuesta de convivencia y aprendizaje colectivo de la División Sudamericana. La iniciativa es el resultado del trabajo conjunto entre el Ministerio Infantil y los ministerios de Familia, de la Mujer, de Educación y de Aventureros y Conquistadores para el período de 2027 a 2030.