Cómo llevar a la iglesia al cumplimiento de la misión
Hablar de involucrar a las personas en el evangelismo personal sin considerar la función pastoral es comprometer la eficacia de esa actividad en la iglesia local. La Palabra de Dios deja claro que la prioridad del trabajo ministerial es desarrollar habilidades y competencias en los miembros para la obra misionera, según los dones concedidos por Dios (Efe. 4:11-16). Todos los que forman parte del cuerpo de Cristo deben unir sus esfuerzos a los de los pastores y oficiales de la iglesia en la misión de ir y hacer discípulos (Mat. 28:18-19).
El pastor debe ser un especialista en evangelismo personal. Se espera que, bajo su liderazgo, los miembros se involucren diligentemente en el servicio de ganar personas para Cristo. Ese ha sido el gran desafío del ministerio cristiano a lo largo de los siglos y continúa siéndolo en el mundo contemporáneo: formar nuevos discípulos que, a su vez, hagan otros discípulos.
Para que la iglesia experimente crecimiento cualitativo, cuantitativo y geográfico, es necesario comprender las razones del bajo involucramiento de los miembros. En este artículo, analizaremos algunos de esos factores y presentaremos orientaciones prácticas que ayudarán al pastor en el involucramiento y la capacitación de la iglesia, además de consejos del Espíritu de Profecía relacionados con el trabajo pastoral.
La crisis del involucramiento
Estudios realizados en la Iglesia Adventista «sugieren que, en promedio, menos del 20 % de los miembros de nuestras congregaciones participa activamente en algún programa evangelístico de la iglesia».[1] Kurt Johnson reconoció que, en muchos lugares, los miembros ven al pastor como el único responsable de la asistencia a los enfermos y desanimados, de las visitas, de los estudios bíblicos y de la conducción de las reuniones religiosas.[2]
Diferentes autores han procurado explicar el bajo involucramiento de los miembros con la misión de la iglesia. El teólogo Alberto Timm declaró que, con el paso del tiempo, muchos movimientos religiosos «terminaron perdiendo el fervor espiritual y el ímpetu misionero que les dieron origen».[3] De manera semejante, David Hesselgrave destaca que «es un hecho notable en la historia, tanto pasada como contemporánea, que el grado de compromiso de la iglesia con la evangelización del mundo es proporcional al grado de su convicción sobre la autoridad de la Biblia. Siempre que los cristianos pierden la confianza en la Biblia, también pierden el celo por el evangelismo».[4]
Según Russell Burrill, corresponde al pastor mantener viva la visión misionera de la iglesia por medio de la predicación bíblica y de la capacitación de los voluntarios en la iglesia local, de acuerdo con los dones espirituales. En su comprensión, el tiempo del pastor debe invertirse más en el entrenamiento, la formación y la supervisión de los miembros.[5]
Cristianos espectadores
Algunos cristianos imaginan que el testimonio o el evangelismo personal es apenas un «programa» o una exigencia de la iglesia. Sin embargo, el involucramiento en el evangelismo personal es resultado de una experiencia genuina de conversión y dedicación a Jesús. Se trata de la respuesta del creyente al sacrificio de Cristo. Tú y yo testificamos no por interés, sino porque amamos a Jesús (2 Cor. 9:14).
Aunque ese debería ser el sentimiento de todo cristiano, en muchos casos la realidad es diferente. Diversos factores contribuyen a la falta de involucramiento del miembro que se limita a ser adventista solo el sábado por la mañana. Entre ellos pueden estar la falta de confianza, de motivación, de comunión diaria con Dios o incluso la inseguridad en cuanto a la propia salvación.
También es bastante probable que muchos miembros no participen porque desconocen su propio potencial. Tal vez nunca hayan sido desafiados, por medio del llamado
pastoral, a crecer espiritualmente y a involucrarse en la salvación de personas. Es posible también que jamás hayan recibido entrenamiento o capacitación adecuada para comprender la Biblia y compartirla con otros. Debe considerarse, igualmente, que algunos dejan de involucrarse simplemente porque creen que esa responsabilidad pertenece solo al pastor o a un grupo específico de la iglesia.
Ante esa realidad, es imprescindible que el pastor ejerza personalmente su ministerio junto a los miembros de la iglesia, permitiendo que el Espíritu Santo lo use en el cuidado y en las visitas pastorales. Al actuar de esa manera, demostrará, con su propio ejemplo, que así como fue al encuentro de ellos, también deben utilizar su influencia personal para relacionarse intencionalmente con amigos, parientes y vecinos, conduciéndolos a Cristo.
Despertando a la iglesia
Como líderes, los pastores deben preocuparse por aquellos que no están comprometidos con la conquista de personas para el reino de Dios. El miembro que no testifica evidencia que algo no anda bien en su experiencia cristiana. No existe discípulo espiritualmente saludable que no esté comprometido con la misión.
A continuación, presentamos algunos consejos sobre cómo el pastor puede ayudar a los miembros a involucrarse en la misión divina:
• Visitarlos personalmente.
• Concientizarlos sobre el sacerdocio de todos los creyentes.
• Organizar un plan de acción.
• Realizar pruebas de dones espirituales.
• Crear en la iglesia una atmósfera de reavivamiento y reforma.
• Involucrar a la iglesia en la planificación y el establecimiento de metas.
• Delegar pequeñas responsabilidades.
• Reunirse regularmente con el liderazgo.
• Organizar una escuela permanente de capacitación misionera.
• Promover un ambiente de motivación.
• Proveer materiales de calidad.
• Apoyar a los nuevos en la fe.
• Demostrar reconocimiento y gratitud, tanto en el aspecto personal como colectivo, por todas las iniciativas misioneras.
• Establecer un proyecto de cosecha en el primer o el segundo semestre.
• Orar constantemente por los miembros.
• Realizar trimestralmente una actividad social para la interacción y la socialización.
Movilizando a los miembros
El pastor debe ser consciente de que muchas personas se sienten tímidas y tienen miedo de dar testimonio de su fe. Otras poseen una comprensión limitada de lo que significa predicar el evangelio, y asocian esa misión solo con la distribución de literatura, la impartición de estudios bíblicos, la dirección de clases bíblicas, el liderazgo de grupos pequeños o la predicación de sermones para grandes públicos.
Algunos se disculpan diciendo que no poseen dones, habilidades o conocimiento suficiente de las doctrinas bíblicas. Otros alegan falta de tiempo. Sin embargo, nuestros miembros necesitan entender que todo creyente debe empeñarse en la misión de conducir personas a Cristo.
Ante esa realidad, el pastor debe procurar conducir personas a Cristo personalmente y enseñar a la iglesia a hacer lo mismo. A continuación, presentamos algunas sugerencias para promover el involucramiento en la misión:
• Orar por amigos, parientes y vecinos.
• Invitar a amigos a los programas especiales de la iglesia.
• Promover cursos de interés para la comunidad.
• Distribuir literatura.
• Impartir estudios bíblicos individualmente o en dúo.
• Conducir una clase bíblica.
• Organizar o dirigir un grupo pequeño.
• Realizar encuentros, tés o almuerzos con amigos no adventistas.
• Enviar mensajes por las redes sociales.
• Hacer visitas misioneras a enfermos, miembros desanimados y alejados.
• Organizar cursos para dejar de fumar.
• Promover encuentros de matrimonios para no adventistas.
• Visitar cárceles, hospitales, orfanatos y asilos.
• Plantar nuevas iglesias en municipios, ciudades y barrios sin presencia adventista.
• Difundir la TV Nuevo Tiempo, la Radio Nuevo Tiempo y los sitios web misioneros de la iglesia.
• Participar en campañas como Más amor en Navidad y Vida por Vidas.
• Testificar en el ambiente de trabajo.
El pastor que desea conducir a la iglesia al involucramiento misionero necesita, antes que nada, buscar la dirección divina. La visión para el crecimiento de la iglesia nace en la comunión con Dios; por eso, es esencial orar pidiendo discernimiento y una motivación correcta. Después de interiorizar esa visión, el pastor debe comunicarla con claridad al liderazgo y evaluar la realidad local y los desafíos existentes. A partir de ello, podrá elaborar una planificación coherente, con metas alcanzables.
También es importante involucrar al liderazgo en las decisiones, organizar un equipo comprometido con la misión y delegar responsabilidades. Además de establecer cronogramas, dar seguimiento a los resultados y mantener a la iglesia informada sobre el avance de los proyectos, el pastor debe reconocer el empeño del equipo y recordar que la verdadera motivación de la misión debe ser siempre espiritual.
El Espíritu de Profecía y el trabajo pastoral
Lea atentamente los siguientes textos de Elena de White sobre la función del pastor:
Planificar el trabajo. «Los sobreveedores espirituales de la iglesia deben idear medios y modos de dar a cada miembro de la iglesia una oportunidad de desempeñar alguna parte en la obra de Dios».[6] «En la obra de muchos ministros hay demasiados sermones y demasiado poco trabajo personal, de corazón a corazón. Hay necesidad de más labor personal por las almas».[7]
Involucrar a todos en la misión. «Los pastores no deben hacer la obra que pertenece a la iglesia, cansándose ellos mismos, e impidiendo que otros desempeñen su deber. Deben enseñar a los miembros a trabajar en la iglesia y en la comunidad».[8]
Mantener en la iglesia un plan de capacitación continua. «Cada iglesia debe ser una escuela práctica de obreros cristianos. Sus miembros deberían aprender a dar estudios bíblicos, a dirigir y enseñar clases en la escuela sabática, a auxiliar al pobre y cuidar al enfermo, y trabajar en pro de los inconversos. […] Debería haber no sólo enseñanza teórica, sino también trabajo práctico bajo la dirección de instructores experimentados».[9]
Prestar atención especial a sus colaboradores. «Nuestros pastores deben prestar atención especial a la instrucción y preparación de aquellos que han de cooperar con ellos».[10]
Unir esfuerzos para concluir la obra. «La obra de Dios en esta Tierra no podrá nunca terminarse antes que los hombres y mujeres abarcados por el total de miembros de nuestra iglesia se unan a la obra y aúnen sus esfuerzos con los de los pastores y dirigentes de las iglesias».[11]
Descentralizar el ministerio. «A veces los pastores hacen demasiado; tratan de abarcar toda la obra con sus brazos. Esta los absorbe y los empequeñece; y sin embargo continúan abrazándola en su totalidad. Al parecer piensan que ellos solos han de trabajar en la causa de Dios, en tanto que los miembros de la iglesia permanecen ociosos. Esto no es en ningún sentido la orden de Dios».[12]
Enseñar a servir. «La mayor ayuda que pueda darse a nuestro pueblo consiste en enseñarle a trabajar para Dios, y a confiar en él, y no en los ministros».[13]
Movilizar a la iglesia para la acción. «Cuando trabaje donde ya haya algunos creyentes, el pastor debe primero no tanto tratar de convertir a los no creyentes como preparar a los miembros de iglesia para que presten una cooperación aceptable. Trabaje él por ellos individualmente, esforzándose por inducirlos a buscar una experiencia más profunda para sí mismos, y a trabajar para otros».[14]
Motivar a quienes no están comprometidos. «Aquellos que no cumplan con su responsabilidad deben ser visitados, y hay que orar con ellos y trabajar por ellos. No induzcan a los miembros a depender de ustedes como pastores; enséñenles más bien a emplear sus talentos en dar la verdad a los que los rodean».[15]
Mantener al rebaño involucrado. «Si los pastores dedicasen más atención a conseguir que su grey se ocupe activamente en la obra y a mantenerla así ocupada, lograrían mayor suma de bien, tendrían más tiempo para estudiar y hacer visitas religiosas, y evitarían también muchas causas de irritación».[16]
Aprovechar el primer amor. «Cuando las almas se convierten, pónganlas al trabajo en seguida».[17]
Instruir y animar. «Muchos trabajarían con gusto si se les enseñara cómo empezar. Necesitan instrucción y aliento».[18]
Promover el trabajo misionero. «Una iglesia que trabaja es una iglesia viva».[19]
Fortalecer la misión por medio de la educación. «Si a la gente no se le enseña cómo trabajar, cómo dirigir reuniones, cómo desempeñar su parte en la labor misionera, cómo alcanzar con éxito a sus semejantes la obra será casi un fracaso».[20]
Conclusión
La prioridad del trabajo pastoral es preparar a los miembros de la iglesia para el servicio cristiano, de acuerdo con los dones concedidos por Dios (Efe. 4:11-16). Ese ha sido el gran desafío del ministerio a lo largo de los siglos.
El plan de Dios nunca consistió, ni jamás consistirá, en el «dominio» del pastor sobre los hermanos, como si él fuera superior a los demás. Por el contrario, el pastor es un siervo llamado por Dios para cumplir una misión específica: promover y coordinar el ministerio personal de cada miembro. En otras palabras, debe ser un instrumento en las manos del Omnipotente para ayudar a la iglesia a cumplir su misión. Concluyo con esta reflexión de Carl George: «Muéstrenme una iglesia grande, centralizada en el pastor, y encontraremos un clero muy cansado. Muéstrenme una iglesia grande, con laicos capacitados y organizada de manera sencilla, donde el clero no esté completamente exhausto por trabajar en exceso, y yo les mostraré una iglesia que no dejará de crecer, porque será capaz de cuidar bien a las personas que Dios llame a la vida nueva por medio de ella».[21]
Sobre el autor: Pastor en San Paulo, Brasil
Referencias
[1] Alberto R. Timm, «Podemos ainda ser considerados uma igreja missionária?», Revista Adventista, febrero de 2002, p. 9.
[2] Kurt Johnson, Pequenos Grupos Para o Tempo do fim (São Paulo: Editora Sobre Tudo, 2000), p. 18.
[3] Timm, «Podemos ainda ser considerados uma igreja missionária?», p. 8.
[4] David J. Hesselgrave, Missões Transculturais (São Paulo: Vida Nova, 1987), p. 35.
[5] Russell Burrill, Como Reavivar a Igreja do Século 21 (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2005), p. 98.
[6] Elena de White, Obreros evangélicos (ACES, 2015), p. 363.
[7] White, Obreros evangélicos, p. 193.
[8] Elena de White, Servicio cristiano (ACES, 2014), p. 88.
[9] White, Servicio cristiano, pp. 75-76.
[10] White, Obreros evangélicos, p. 77.
[11] White, Servicio cristiano, p. 87.
[12] Elena de White, El evangelismo (ACES, 2015), pp. 116-117.
[13] White, Servicio cristiano, p. 75.
[14] White, Obreros evangélicos, p. 205.
[15] White, Obreros evangélicos, p. 209.
[16] White, Obreros evangélicos, p. 206.
[17] White, El evangelismo, p. 357.
[18] White, Servicio cristiano, p. 75.
[19] White, Servicio cristiano, p. 93.
[20] Elena de White, Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática (ACES, 2015), p. 80.
[21] Carl George, «Para pensar», Ministério, julio-agosto de 2009, p. 33.
