Un nuevo año. Nuevos planes. Nuevos retos. Tal vez cambies de trabajo, de casa o de región. Quizá estés empezando tu ministerio, o quizá estés concluyendo tu camino de dedicación. Para ti, diría que este será un año neos: “nuevo” en el sentido del tiempo; es decir, reciente, recién formado o recién conquistado. Pero para los que siguen en el mismo papel, en el mismo hogar y con los mismos objetivos, este ano tiene que ser kainós: “nuevo” en calidad, renovado, mejorado, restaurado.
Admitámoslo, no hay nada malo en desear a la gente un “feliz Año Nuevo”. Al fin y al cabo, Dios es especialista en restauraciones y está dispuesto a reavivar corazones y ministerios, renovar llamados y relaciones, e incluso reavivar la pasión por la misión. Este no debería ser un año más con los mismos objetivos y rutinas. Nos estamos acercando al regreso de Jesús. ¿No es esa la mejor motivación para iniciar nuestras actividades ministeriales? Este es el momento de hacer un nuevo compromiso con Dios.
Dios aprecia lo nuevo. No es casualidad que el Apocalipsis, el libro que debería ser el manual de todo pastor en estos días, mencione varias veces la expresión griega kainós: nombre nuevo (3:12), cántico nuevo (5:9), cielo nuevo y tierra nueva (21:1), Nueva Jerusalén (21:2), y muchas más. En resumen, hará kainós “todas las cosas” (21:5). Esto nos muestra que el mismo Dios que restaurará la belleza original de nuestro planeta es capaz de renovar nuestro ministerio. Sabe transformar los corazones vacíos en canales de su gracia.
Creo que la mejor manera de renovar nuestra pasión por el ministerio es poner las manos y los pies en la misión. Fijémonos en el ejemplo de Jesús, el Misionero por excelencia, que se identificó con nosotros sin perder su identidad. Trabajo con esfuerzo por y entre los mortales, y en apenas tres años y medio revolucionó su “distrito”: el planeta Tierra. Su ministerio fue transcultural: se acercó no solo a los judíos (su propia cultura y su propio pueblo), sino también a los samaritanos y a los romanos. Era de Galilea, la tierra de los gentiles, y pasó mucho tiempo en Capernaún, una ciudad cercana al territorio gentil. Con ello demostró que, al elegir a Israel, no apartaba los ojos de las demás naciones. !Su objetivo era salvar a todos!
La misión evangélica va más allá de un simple encargo, departamento o proyecto: es el resultado de un encuentro personal con Cristo. !La misión es un privilegio! David Bosch dijo: “Si la iglesia está ‘en Cristo’, está implicada en la misión, lo que hace que toda su existencia tenga carácter misionero” (Perspectivas no Movimento Cristão Mundial [Vida Nova, 2009], p. 68). Así pues, la misión no consiste únicamente en ir a algún sitio, enviar a alguien o hacer algo. Misión es ser un pueblo especial, con un mensaje único, que encarna, en la vida cotidiana, el anhelo de ver a Jesús.
No sé cuál es tu nivel de entusiasmo y compromiso para 2025. ¿Qué tal si le pides al Señor una nueva porción de su Espíritu? Reserva un nuevo tiempo de oración a favor de la salvación de los perdidos. Adopta un nuevo hábito de salud. Prueba nuevas estrategias y “ventanas” misioneras. ¿Y por qué no pedir al Señor que renueve tu matrimonio y la relación con tus hijos? El mismo Dios que dirá “Yo hago nuevas todas las cosas” (Apoc. 21:5) es capaz de restaurar todos los ámbitos de tu vida.
A Dios lo que más le interesa es ver cumplida su misión. Para ello, cuenta con nosotros. Quizá no para una misión en ultramar, !pero sí para una misión más allá del muro! Hay personas a nuestro alrededor, en “ventanas de misión” urbanas y rurales, que necesitan el milagro de kainós: que sus corazones sean transformados. ¿Aceptarás esta “nueva” invitación?
Sobre el autor: Editor de la revista Ministerio, edición de la CPB