Erton Carlos Köhler, primer sudamericano en presidir la Iglesia Adventista del Séptimo Día a nivel mundial, nació en Caixas do Sul (Rio Grande do Sul). Como hijo de pastor, desde niño soñaba con seguir los pasos de su padre. A lo largo de su trayectoria ministerial, como pastor distrital, líder de Jóvenes, presidente de la División Sudamericana y secretario de la Asociación General, siempre demostró compromiso misionero y visión estratégica. Está casado con Adriene Marques y es padre de Mariana y Matheus —que también es pastor. El nuevo líder mundial habla sobre los desafíos del ministerio en diferentes partes del mundo y de las prioridades de la Iglesia para fortalecer la visión y la vocación pastoral.
El lema «Basados en la Biblia y enfocados en la misión» resume la visión de la Iglesia mundial. ¿De qué manera las divisiones han buscado traducir ese propósito en estrategias concretas? En el caso de la División Sudamericana, ¿podría destacar algún ejemplo específico?
Ese lema ha sido un llamado para que la Iglesia vuelva a la esencia de nuestra denominación. Somos el «pueblo del Libro», con un llamado específico para cumplir la misión de preparar a este mundo para la segunda venida de Jesús. Nuestra identidad proviene de la Biblia, la razón de nuestr a existencia es el claro llamado a anunciar el mensaje de los tres ángeles en un marco de esperanza. La aplicación práctica de esa visión se logra por medio de cuatro pilares específicos, que orientan procesos, personas y prioridades en la planificación de la Iglesia a nivel global: comunión con Dios, identidad en Cristo, unidad a través del Espíritu Santo y misión para todos. Cuando hablamos de comunión con Dios, enfatizamos la necesidad de tener una agenda espiritual antes que una agenda institucional, con más tiempo dedicado a la oración, al estudio de la Biblia y del Espíritu de Profecía: un tiempo que da como resultado una vida espiritual más sólida y sermones más consistentes. La identidad de Cristo destaca iniciativas de discipulado que fortalecen los fundamentos de nuestra fe, tienen base bíblica y enfoque escatológico, y decantan en compromiso personal. El énfasis en la unidad por medio del Espíritu Santo resalta la importancia de la integración en todas las fuerzas de la Iglesia. La unidad es uno de nuestros mayores desafíos, y solo se puede lograr cooperando genuinamente entre departamentos e instituciones, superando las fronteras regionales para fortalecer la misión global y eliminando el individualismo en favor del crecimiento de la iglesia como un todo. Son tareas casi imposibles que se vuelven factibles si el Espíritu Santo actúa poderosamente entre nosotros. Finalmente, la misión para todos refleja nuestro compromiso en llevar a cabo iniciativas misioneras que involucren a cada miembro de iglesia de acuerdo con sus dones, de modo que todos encuentren su espacio en el cumplimiento de la misión. La División Sudamericana expresa esas prioridades por medio de iniciativas que atienden las necesidades de los ocho países que la componen. Entre estas iniciativas está el fortalecimiento de la identidad adventista, el discipulado de las nuevas generaciones, la formación de líderes y los proyectos misioneros como Semana Santa, las semanas de evangelización, o Impacto Esperanza y Misión Caleb. Así, la misión regional se mantiene conectada a la visión global de basarnos en la Biblia y enfocarnos en la misión.
¿Cuáles son los principales desafíos del ministerio pastoral en todo el mundo?
Al viajar por diferentes países y continentes, he observado que, si bien las culturas, los idiomas, los hábitos y la dieta son muy distintos, las necesidades humanas son muy parecidas. Con el ministerio pastoral sucede lo mismo. En diferentes contextos, los pastores luchan contra la creciente influencia del secularismo, con el riesgo del conformismo y con la tendencia al individualismo. Además, tratan con la dificultad de involucrar a los miembros —especialmente, los de las nuevas generaciones— en un contexto que es cada vez más digital; de encontrar formas de hacer la misión más atractiva, relevante y eficaz; de liderar la Iglesia en tiempos de polarización y de una sociedad cada vez más compleja; y de mantener el equilibrio entre la vida personal, emocional, espiritual y familiar. Todos esos son desafíos mundiales que los pastores enfrentan al buscar mantenerse fieles al llamado de apacentar «la grey de Dios que está en ustedes» (2 Ped. 5:2).
Considerando los datos de la Encuesta global de pastores adventistas, ¿cuáles serán las prioridades de la Asociación General en el área ministerial en los próximos años?
Nuestro mayor desafío es fortalecer la vocación ministerial de las nuevas generaciones de pastores. Ese fortalecimiento debe ayudarlos a concentrarse en las verdaderas prioridades, sin dejarse consumir por las distracciones virtuales; a invertir en lo que es esencial, no solo manifestar interés; y a desarrollar un ministerio más centrado en el acompañamiento que en los eventos: un ministerio cimentado en un sólido discipulado y en un púlpito profundo. Queremos apoyar a nuestros pastores en la administración de su vida personal, emocional, familiar, financiera y espiritual. Solamente si se logra el equilibrio en esas áreas el ministerio se vuelve una vocación y deja de ser solo una profesión: cuando nuestros pastores abandonan la capa de superhéroe, dejan de ser profesionales de la Palabra y se convierten en instrumentos de Dios. El combustible de esa transformación viene del fortalecimiento de la visión, de la pasión y del enfoque en la misión —especialmente, una misión que sea el fruto del discipulado, de la capacitación y del involucramiento de los miembros y no solo de una tarea profesional del pastor—. Además, en varias partes del mundo se observa una disminución en el número de jóvenes que se sienten llamados al ministerio. Esa tendencia resulta en una reducción de alumnos en los seminarios y, como consecuencia, en menos cantidad de pastores trabajando en el campo. Esto podría preparar el terreno de una grave crisis ministerial.
A menudo Ud. dice que, aunque tengas funciones administrativas, su vocación es ser pastor. ¿Cómo esa visión influye sobre tu liderazgo?
Hay dos palabras que definen cómo veo mi servicio a la Iglesia: ministerio y misión. Independientemente de la posición que ocupo, mi compromiso es servir como pastor en cualquier nivel de la organización. Naturalmente, eso implica muchos desafíos, pero intento mantener esas palabras siempre en mi corazón para no desviarme del llamado de Dios. Busco mantener mi vida de comunión personal como un pastor; preparar mis sermones con corazón de pastor; involucrarme activamente en la iglesia local como un pastor; lidiar con problemas, simples o complejos, con una visión pastoral; y mantener siempre la iglesia local como una prioridad. Las estructuras de la Iglesia no pueden ser ni islas ni castillos, sino que deben servir como apoyo directo al crecimiento de la obra en primera línea. Mi deseo es ser un instrumento de Dios: usado por él y dependiente de él en cada paso. Eso resume mi visión pastoral. Por supuesto, cuando se ocupa una posición de liderazgo, cada gesto es observado, juzgado e interpretado; surgen diversas opiniones sobre el trabajo realizado, y las redes sociales se vuelven tierra fértil para todo tipo de comentario. Es parte del proceso de liderazgo y de estructura que tenemos. Sin embargo, lo más importante es mantener la conciencia tranquila y tener la convicción de estar obedeciendo la voluntad de Dios.
En medio de una rutina tan intensa como líder mundial de la Iglesia, ¿qué prácticas sostienen su ministerio?
Siempre comienzo con la comunión personal. ¡Eso es innegociable! Dedico tiempo significativo a la oración en las primeras horas de la mañana y también al estudio de la Biblia y de las lecturas devocionales. Sin Cristo, no soy nada y no puedo enfrentar los enormes desafíos de la responsabilidad que me fue confiada. No es difícil imaginar lo arduo que es liderar una iglesia mundial, profética y con la grandiosa misión de preparar a este mundo para la segunda venida de Jesús: es una iglesia con presencia oficial en 212 países y territorios, con más de 24 millones de miembros. ¡Solo por la gracia de Dios! A menudo digo que no dedico tiempo a pensar sobre la grandeza de la responsabilidad. Solo le pido al Señor que envíe el «maná» de cada día; es en ese sustento divino que encuentro fuerzas para los desafíos que tengo por delante.
¿Qué mensaje o consejo le gustaría dejar de manera especial a los pastores sudamericanos?
Muchas gracias por predicar fielmente, hacer discípulos con perseverancia y cuidar del rebaño con valentía y ternura. Guarden la Biblia en el corazón y denle la prioridad en el púlpito. Formen discípulos que hagan discípulos, dando lugar real para que los jóvenes sean acogidos e involucrados. Protejan la identidad adventista y la unidad en Cristo. Trabajen con integridad y esperanza en las ciudades —incluso en los lugares más desafiantes—, y cumplan el ministerio con alegría y firmeza. Después de todo, el ministerio requiere: «…tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (2 Tim. 4:5). Por lo tanto, continuemos como una sola familia, siempre cimentados en la Biblia y enfocados en la misión, hasta el regreso de Cristo.
