Al iniciar las actividades pastorales de este, es fundamental recordar las cuatro prioridades estratégicas de la Iglesia Adventista para Sudamérica y reflexionar sobre cómo se manifestaron en el ministerio y el legado de Josué.
1. Identidad (Somos): Todo lo nuevo genera cierta sensación de incertidumbre. Antes de comenzar su ministerio, Moisés tuvo que comprender su identidad como hebreo y como líder escogido por Dios (Éxo. 2:11-15; 3:1-12). A pesar de sus inseguridades iniciales, él respondió al llamado divino y comprendió su propósito. Josué, por su parte, consolidó su identidad como sucesor de Moisés, permaneciendo firme en las promesas del Señor (Jos. 1:1-9).
En el comienzo de este 2026 recuerda quién eres, de dónde vienes y para é fuiste llamado por Dios. Mantén viva la conciencia de tu misión y no te distraigas con nada. Afirma tu identidad en la única fuente segura en medio de tantas voces disonantes: la Palabra de Dios.
2. Liderazgo (Formanos): Moisés fue un notable ejemplo de liderazgo eficaz, al guiar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto hasta la frontera de la tierra prometida. Además, ejerció un liderazgo formador al preparar a Josué para que diera continuidad a la misión.
Entre los textos que ilustran esa mentoría espiritual, vale la pena destacar Deuteronomio 31:7 y 8. Permíteme adaptar el pasaje para enfatizar sus lecciones prácticas: «Esfuérzate y anímate [haz tu parte con dedicación y compromiso]; porque tú entrarás con este pueblo en la tierra que el Señor juró dar a sus padres. Tú se las darás en herencia [cree en tu llamado divino]. El Señor va delante de ti [la obra no es tuya, sino de Dios]. Él estará contigo [antídoto contra la inseguridad y la soledad]; no te dejará [constancia diaria] ni te desamparará [cuidado absoluto]. No temas ni te intimides [valentía y fe centradas en Dios]».
3. Nuevas generaciones (Integramos): La transición de Moisés a Josué simbolizó la transferencia de la responsabilidad a una nueva generación. Ese proceso nos enseña que no es sabio limitar las oportunidades de los más jóvenes; al mismo tiempo, no es correcto otorgarles responsabilidades sin capacitarlos, formarlos y acompañarlos primero.
El sucesor inmediato de Josué fue Otoniel, un líder lleno del Espíritu de Dios. Sin embargo, las generaciones siguientes se desviaron de los principios divinos que habían guiado a Moisés y a Josué. El resultado fueron las tristes historias del libro de Jueces, en las cuales el clímax de gloria vivido entre Éxodo y Josué desapareció y dio lugar a profundas caídas morales y espirituales: «En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien» (Juec. 21:25).
4. Discipulado (Hacemos): Moisés actuó como mentor de Josué y lo preparó para liderar a la próxima generación. Josué aparece a su lado en varios momentos decisivos, aprendiendo por la observación y por la instrucción directa. Que tu liderazgo en 2026 esté totalmente enfocado en el discipulado. Tu misión no es atraer seguidores, sino formar nuevos discípulos que, a la vez, se vuelvan formadores de discípulos. Aléjate de los modelos de liderazgo «mesiánicos» que no ven más allá del propio ego.
Tú no eres un rey, pero eres el líder de una iglesia que está preparándose para el encuentro con su Dios. No estamos aquí para hacer lo que nos parece o lo que nos gusta. Estamos para hacer lo que Dios nos dice.
Esto, sin duda, implica un coraje inusitado en la selva de raquitismo ético y espiritual en la que vivimos. Ora y mantén una estrecha comunión con Dios diaria y personal para obtenerlo.
Sobre el autor: Editor de Ministerio, edición de ACES
