El concilio de Jerusalén, registrado en Hechos 15, fue crucial porque afirmó que la salvación es por la gracia, fortaleció la misión por los gentiles, protegió la unidad de la iglesia y dio ejemplo de cómo abordar las controversias internas. Demostró que las decisiones denominacionales son importantes para evaluar y direccionar el crecimiento de la iglesia. Como resultado, «las iglesias eran confirmadas en la fe y aumentaban en número cada día» (Hech. 16:5).
Recientemente, se realizó una evaluación de la Iglesia Adventista en Sudamérica, en la que se escuchó a cuatro mil pastores distritales y educativos, administrativos y departamentales en todos los niveles: División, uniones y campos. En un amplio diálogo, con reflexiones sinceras, oración y clamor buscando al Espíritu Santo, se establecieron las Prioridades estratégicas para la obra de la iglesia hasta 2030. Estas son: Identidad, Liderazgo, Nuevas generaciones y Discipulado.
En Hechos 16:1 al 6 vemos cómo esas prioridades ya se destacaban en la iglesia apostólica:
Identidad (Somos): «Había un discípulo llamado Timoteo. […] De él daban buen testimonio los hermanos. […] Así, las iglesias eran confirmadas en la fe» (vers. 1, 2, 5). Soñamos con hermanos fuertes en la fe, una iglesia con una identidad clara en Jesús y marcada por el testimonio ante todos. Somos el remanente enviado a proclamar el evangelio y a preparar un pueblo para el regreso de Jesús.
Liderazgo (Formamos): «Pablo quiso que Timoteo fuese con él» (vers. 3). Aquí vemos un proceso de formación de líderes. Queremos involucrar y capacitar espiritualmente a los miembros para que puedan ejercer el liderazgo espiritual de la iglesia. Que lideren la misión y la plantación de iglesias, y no solo funciones internas o administrativas. La responsabilidad de formar líderes recae, principalmente, sobre el pastor.
Nuevas generaciones (Integramos): «Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego. […] Pablo quiso que Timoteo fuese con él» (vers. 1, 3). Timoteo representa a las nuevas generaciones de la iglesia, y Pablo invierte en él. Eso incluye a niños, adolescentes y jóvenes. Este énfasis resalta la importancia de integrar a las nuevas generaciones al liderazgo de la iglesia, utilizando ideas innovadoras para fortalecer la misión.
Discipulado (Hacemos): «Al pasar por las ciudades […] las iglesias eran confirmadas en la fe y aumentaban en número» (vers. 4- 5). Debemos invertir tiempo en la planificación y dedicar esfuerzos a enseñar, acompañar y practicar la fe. El proceso completo incluye: ir, enseñar, bautizar y multiplicar. Los recién bautizados son fortalecidos en ese proceso, al formar cristianos maduros, una iglesia saludable, comunidades vivas y miembros comprometidos con la evangelización.
Elena de White nos desafía: «El secreto de nuestro éxito en la obra de Dios se hallará en el trabajo armonioso de nuestro pueblo. Debe haber acción concentrada. Todo miembro del cuerpo de Cristo debe desempeñar su parte en la causa de Dios, de acuerdo con la capacidad que Dios le ha dado. Debemos avanzar juntos para vencer obstrucciones y dificultades […] Si los cristianos actuaran de concierto, avanzando como un solo hombre, bajo la dirección de un solo Poder, para la realización de un solo propósito, conmoverían al mundo» (Servicio cristiano [ACES, 2008], pp. 95-96).
Querido pastor, ¿cuál será tu respuesta al llamado de liderar la iglesia de Dios?
Sobre el autor: Presidente de la Iglesia Adventista en Sudamérica
