En la comunicación, el énfasis es un recurso valioso que consiste en destacar algo, dirigiendo la atención del receptor hacia una idea, sentimiento o punto central. Es un elemento central en el habla, en la escritura, en la música y en las artes visuales, ya que permite que el público perciba lo más relevante de un mensaje.

El término «énfasis» viene del griego émfasis, que deriva del verbo emfaínein y significa «manifestar, mostrar o hacer visible». Originalmente, la palabra daba la idea de «manifestación, apariencia, resalte» o «impresión visible». Es decir, enfatizar es hacer algo perceptible y digno de atención, que rompe la monotonía, la monocromía y lo repetitivo. En la literatura, el énfasis adopta diferentes formas según el estilo y la cultura. En el contexto hebreo, por ejemplo, los textos poéticos y narrativos a veces ponían el punto culminante del mensaje —el clímax retórico— justo a la mitad del texto. En la literatura griega clásica, se acostumbraba colocar el clímax al final, lo que generaba un efecto concluyente impactante.

En la música, el énfasis sirve para crear un impacto emocional. La obra Las cuatro estaciones, del compositor italiano Vivaldi, ilustra este aspecto al destacar elementos que caracterizan a cada estación del año: en primavera, notas rápidas y repetitivas; en verano, contrastes intensos y dramáticos; en otoño, ritmos festivos; y en invierno, notas cortas y movimientos ágiles.

El énfasis también es un recurso indispensable en la predicación. Cuando el predicador utiliza una entonación vibrante o relajante, sin duda logra un mayor impacto en los oyentes. En las artes visuales, ese efecto se logra por medio de los colores, los contrastes y la disposición de los elementos, que conducen la mirada hacia el punto central de la obra.

La Biblia muestra que distintas personas usaban el énfasis de diversas maneras, tanto en el contenido como en la forma de transmitir el mensaje: Noé predicó sobre el juicio inminente (Gén. 6; 2 Ped. 2:5); Moisés destacó la obediencia a los mandamientos de Dios (Éxo. 20; Deut. 6:5-9); Elías llamó al pueblo a ser fiel a Dios y a combatir la idolatría (1 Rey. 18); Jeremías utilizó hechos simbólicos para llamar a Israel de regreso al pacto (Jer. 19:1-3; 27:1-22); Juan el Bautista enfatizó el arrepentimiento y el bautismo, preparando al pueblo para la venida del Mesías (Mar. 1:4); y Pablo centró su mensaje en «Jesucristo […] crucificado» (1 Cor. 2:2). ¿Y Jesús? Aquel que es «el centro viviente de todo» (Mensajes selectos [ACES, 2015], t. 1, p. 133) tenía como énfasis «buscar y salvar lo que se había perdido» (Luc. 19:10). Su muerte en la cruz es el clímax de las Escrituras, de la historia y del plan de redención.

Hoy, la Iglesia Adventista del Séptimo Día también establece cuatro énfasis en su labor —conocidas como Prioridades estratégicas— para los próximos cinco años: Identidad, Liderazgo, Nuevas generaciones y Discipulado. Estas estrategias resumen el enfoque de la Iglesia en Sudamérica, que debe actuar de forma unida y organizada, identificando necesidades y desarrollando estrategias para el progreso de la predicación del evangelio. Esas palabras precisan estar grabadas en nuestro corazón con el «marcador rojo» de la gracia y deben impulsarnos a vivir la misión con compromiso y propósito.

En el artículo de portada de esta edición, y a lo largo de este año, reflexionaremos sobre estas cuatro palabras clave. Que el Espíritu Santo nos capacite para trabajar unidos por ese ideal, para que en breve alcancemos el clímax de nuestro ministerio: ver a Jesús volver. «¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 2:20).

Sobre el autor: Editor de la revista Ministerio, edición en portugués