Nuestra comprensión distintiva de la doctrina del sábado debe ser proclamada y vivida
La humanidad ha perdido su ritmo esencial. Como observa el sociólogo Hartmut Rosa en su libro Aceleración, la percepción de las estructuras temporales ha cambiado significativamente desde la Modernidad, instaurando un proceso de «acortamiento» del tiempo, no en sentido literal, sino en la reducción del tiempo de espera. Estas nuevas presiones del reloj se intensificaron aún más en la segunda mitad del siglo XX, con la aparición de los medios de comunicación en tiempo real, generando una condición de inmediatez.
El resultado fue «el impulso hacia el “cierre de secuencias” y la eliminación de espacios vacíos», lo que, según el mismo autor, condujo «a la desaparición de los patrones y ritmos temporales colectivos en favor de la perpetuación de la “sociedad non stop”».[1]
El cansancio y el agotamiento figuran entre los efectos secundarios de este ritmo frenético.[2] No es casualidad que, en los últimos años, términos como shabat hayan pasado a utilizarse también en contextos seculares para expresar la urgencia de desconectar del ritmo vertiginoso que caracteriza la vida contemporánea.
Sin duda, el sábado es una doctrina clave para la evangelización, especialmente en los grandes centros urbanos, donde la cultura de la aceleración se manifiesta con mayor intensidad. Sin embargo, aunque esta creencia puede acercarnos a personas que necesitan descanso y es rica «en implicaciones para las preocupaciones ecológicas y la justicia social, conceptos de creciente importancia en las zonas urbanas»,[3] no podemos dejar de presentarla en su totalidad.
Un joven empresario, con quien estudié la Biblia, administraba un salón de eventos frente al Colegio Adventista, en cuyo auditorio funciona la iglesia de la que soy miembro. Cuando llegamos al tema del cuarto mandamiento, me contó que observaba con admiración la llegada de las familias, felices y bien arregladas, a la iglesia el sábado por la mañana. Pero, ¿qué lo llevó a bautizarse y decidir cerrar el establecimiento precisamente el día de mayor afluencia y dejar de firmar contratos para actividades entre la puesta del sol del viernes y la del sábado?
En un contexto en el que se debate cada vez más la reducción de la jornada laboral, disponer de un tiempo semanal destinado al descanso se ha convertido en un derecho ampliamente reconocido. El reto, sin embargo, está en hacer que las personas comprendan por qué el séptimo día es diferente de los demás y representa más que un simple día festivo. Por eso, es fundamental recordar dos aspectos centrales de nuestra identidad: los factores que han moldeado nuestra teología del sábado y la forma en que hemos puesto en práctica este principio.
Énfasis distintivo
La doctrina del sábado siempre ha ocupado un lugar central en el sistema de creencias adventista y en el mensaje que la denominación proclama al mundo desde mediados del siglo XIX. Es cierto que los pioneros del movimiento adventista compartían algunas creencias con los bautistas del séptimo día y con otras tradiciones religiosas. Al mismo tiempo, se diferenciaban significativamente de ellos en cuanto al énfasis que daban al cuarto mandamiento. Al comparar la teología del sábado de John N. Andrews (adventista) y la de Abram H. Lewis (bautista del séptimo día), Siegfried H. Roeske concluyó que ambos presentaban puntos de vista comunes, como la comprensión de la perpetuidad de los Diez Mandamientos, pero divergían en cuanto al papel del cuarto en el contexto de los acontecimientos finales.[4]
En medio de la efervescencia profética del siglo XIX, el adventismo interpretó la observancia del sábado a la luz de la escatología bíblica, es decir, no solo mirando por el «retrovisor» de la historia, sino también a través del «parabrisas». En su tesis doctoral, en la que investigó el papel de la doctrina del santuario y los tres mensajes angelicales como factor de integración en el proceso de desarrollo de las creencias fundamentales adventistas, Alberto Timm escribió: «La creencia en la perpetuidad de la ley de Dios, con especial énfasis en el mandamiento que requiere la observancia del cuarto mandamiento, surgió de la interacción entre el énfasis históricamente dado por los bautistas del séptimo día al “sábado perpetuo” y la escatología milerita del «advenimiento inminente».[5]
Esta perspectiva, que se amplió con el tiempo, se convirtió en uno de los principales ejes articuladores del mensaje del sábado en el contexto adventista. Elena de White sostuvo que los adventistas no debían dejar de defender esta bandera. En uno de sus libros, declaró: «Se me dijo que los hombres utilizarán toda clase de subterfugios para tornar menos prominente la diferencia que existe entre la fe de los adventistas del séptimo día y la de quienes observan el primer día de la semana. Todo el mundo participará en esta controversia; y hay que tener en cuenta que el tiempo es corto. No es este el momento de arriar nuestros colores. Me fue presentado un grupo de personas bajo el nombre de adventistas del séptimo día, que aconsejaban que el estandarte o la señal que nos hace un pueblo singular no se hiciera ondear en forma tan destacada; como razón de esto sostenían que no era la mejor política para asegurar el éxito de nuestras instituciones. Pero este estandarte distintivo ha de llevarse por todo el mundo hasta el fin del tiempo de gracia».[6]
Para ella, por lo tanto, el evangelio eterno y el sábado como señal de obediencia están íntimamente relacionados en la proclamación de los tres mensajes angelicales (Apoc. 14).[7] De este modo, la pionera situó el mensaje del sábado en el marco del gran conflicto entre Cristo y Satanás, y estableció conexiones entre el cuarto mandamiento y los acontecimientos finales. Ella escribió que «el asunto del sábado será el punto culminante del gran conflicto final, en el cual todo el mundo tomará parte».[8]
La Enciclopedia de Elena G. de White resume la comprensión de la profetisa afirmando que, desde su perspectiva escatológica, la observancia del «sábado, uno de los Diez Mandamientos, es una marca distintiva de la iglesia remanente (Apoc. 12:17; 14:12), el enfoque especial en el sello de Dios (Apoc. 7:1-3; 14:1-5) y la antítesis de la marca de la bestia (Apoc. 14:9-12)».[9]
En sus publicaciones, Joseph Bates también expresó puntos de vista similares, además de establecer una relación integral entre el sábado y el santuario celestial, aspectos que los bautistas del séptimo día tuvieron dificultades en aceptar.[10] La visión que Elena de White tuvo del santuario celestial en 1847 ayudó a confirmar el vínculo existente entre el sábado y el ministerio sacerdotal de Cristo.[11]
Al igual que ocurrió con otras doctrinas importantes de la denominación, el desarrollo de la teología del sábado fue progresivo. Mientras que Bates fue pionero al darse cuenta de que el sábado estaba relacionado con el mensaje del tercer ángel, Elena de White desempeñó un importante papel de confirmación y orientación en relación con el sábado y otros asuntos. Además, sus visiones reforzaron la nueva perspectiva escatológica del sábado e intensificaron la importancia de proclamarlo como mensaje final de preparación para la segunda venida de Cristo a la tierra.[12]
De esta manera, la segunda venida de Cristo y el sábado se vincularon en la teología adventista en una unión simbiótica inseparable, a través de la cual mantendrían una dependencia mutua.[13] «Esta unión del adviento y del sábado en el marco del evangelio eterno (Apoc. 14: 6) y la hora inminente del juicio divino (vers. 7) es la dinámica constitutiva de la teología adventista del séptimo día. […] Esta interpretación de las Escrituras hizo del sábado la “verdad presente” entre los años 1846 y 1849 en un sentido de importancia suprema y le dio un valor capital que nunca había tenido para los bautistas del séptimo día. […] Este énfasis en la significación escatológica del sábado […] fue el catalizador que aglutinó a todos los creyentes adventistas diseminados de la época de los pioneros».[14]
Esta conexión del cuarto mandamiento con los acontecimientos finales de la historia era tan fuerte que James White entendió que la razón por la que algunos abandonaban la fe adventista estaba relacionada, de alguna manera, con la pérdida de la visión distintiva de los pioneros de la Iglesia Adventista sobre el sábado. Para él, este fue el caso de Thomas M. Preble, que había llevado a Joseph Bates a aceptar el mensaje del sábado, y de John B. Cook.
En su autobiografía publicada en 1868, James White relata lo siguiente: «Pero el pastor Preble, al no ver la reforma del sábado como parte del mensaje del tercer ángel y al no reconocer que, en la maduración de la cosecha de la tierra, el sábado debía ser una prueba, continuó sus actividades ministeriales entre aquellos que se oponían implacablemente a esa reforma. Entonces perdió interés en el tema y, desde entonces, se convirtió en uno de sus más acérrimos opositores. Esto también es cierto en relación con el pastor John B. Cook y algunos otros ministros adventistas que, más tarde, abrazaron el sábado y luego lo abandonaron».[15]
Así, al integrarlo en su escatología, los fundadores del adventismo confirieron a la teología del sábado «una fuerza y relevancia que nunca tuvo en la proclamación de los bautistas del séptimo día».[16] Elena de White creía que desconectar el sábado de los tres mensajes angelicales de Apocalipsis 14 minaría el poder evangelístico de este mensaje, como se ve en esta declaración: «Si se separa el sábado de los mensajes, perderá su poder; pero cuando se lo relaciona con el mensaje del tercer ángel, adquiere un poder que convence a los incrédulos y los infieles, y les proporciona fuerza para mantenerse, vivir, crecer y prosperar en el Señor».[17]
Aspectos presentes
El hecho de ser una minoría en relación con la observancia del séptimo día siempre nos ha llevado a defender la permanencia del sábado bíblico y sus conexiones escatológicas. Aunque los pioneros del adventismo también escribieron sobre la forma de observar el descanso sabático,[18] ese no fue el énfasis predominante. Una de las razones es que la literatura puritana ya había abordado ampliamente el tema, lo que llevó a las iglesias protestantes a practicar estrictamente la observancia del «día del Señor».[19]
El teólogo Sergio Becerra, cuya tesis doctoral abordó las raíces puritanas de la doctrina del sábado del séptimo día, afirma que, en Estados Unidos, «desde el comienzo de la colonización, el domingo se observaba desde la puesta del sol del sábado hasta el atardecer del domingo. A estos límites […], rápidamente se añadió la cuenta que determinaba la interrupción del trabajo a las tres de la tarde del sábado, con el fin de tener tiempo suficiente para realizar una preparación adecuada para el descanso dominical».[20]
En este contexto, la principal preocupación del adventismo del séptimo día no era discutir cómo guardar el sábado, sino convencer a la mayoría que observaba el domingo de cuál era el verdadero día requerido por Dios. Sin embargo, en algunos momentos de la historia de nuestra denominación, hubo una necesidad de reforzar los aspectos prácticos de esta creencia.
La segunda mitad del siglo XX fue uno de esos momentos.[21] Especialmente en las décadas de 1970 y 1980, se publicaron libros de autores como Niels-Erik Andreasen, John Brunt, Sakae Kubo y Samuele Bacchiocchi, que se centran en la dimensión existencial de esta creencia fundamental adventista. La inclusión de estos «nuevos» principios articuladores en el discurso de la denominación destacó no solo las implicaciones futuras del mensaje del sábado, sino también sus aspectos presentes. El objetivo era llevar a los propios adventistas a redescubrir el descanso sabático o, como dice el título de una de estas obras, «vivir el futuro hoy».[22]
Otro aspecto importante es el documento histórico votado en la Asamblea General celebrada en Indianápolis (EE. UU.) en 1990. A lo largo de más de 160 años de organización, las ocasiones en que los líderes de la Iglesia Adventista aprobaron votos relacionados con las directrices para la observancia del sábado fueron puntuales, debido al desafío que tal iniciativa representa para la iglesia mundial y a la preocupación por no convertir la experiencia del reposo sabático en una práctica legalista.
El propósito de la declaración titulada «La observancia del sábado» era ofrecer consejos y orientaciones que pudieran ser utilizados principalmente por los pastores y líderes como base para aconsejar a los miembros que buscaban orientación sobre la observancia del sábado. Se esperaba que esto proporcionara una «motivación a nivel mundial y que conduzca a una auténtica reforma en la observancia del sábado», teniendo en cuenta que «la comunidad religiosa mundial» enfrentaba «problemas en la observancia del sábado».[23]
En un mundo cada vez más acelerado, que encuentra dificultades para cesar sus actividades, el imperativo «acuérdate» (Éxo. 20:8) debe llevarnos a reevaluar nuestra relación con el descanso sabático. Parafraseando a Judith Shulevitz,[24] surge la pregunta: ¿es el sábado hoy, para los adventistas, un regalo que hay que desenvolver, en el sentido de experimentar de manera más rica y significativa los beneficios del descanso semanal? La comprensión de los pioneros, como Elena G. de White, sobre el sábado no se limitaba a «la reflexión cognitiva», sino que también abarcaba el «aspecto experimental».[25]
En estos tiempos complejos, el ministerio pastoral desempeña un papel fundamental en el rescate del espíritu del verdadero sábado, ofreciendo desde asesoramiento sobre la elección profesional de las nuevas generaciones hasta orientación a aquellos que enfrentan desafíos en el trabajo y en los estudios, donde a menudo se ven presionados a hacer concesiones.
La práctica del descanso sabático es un elemento tan importante como la enseñanza doctrinal en la preparación de las personas para el bautismo. Incluso quienes ya han comprendido y aceptado esta creencia pueden tener dudas sobre su aplicación práctica. Es común, por ejemplo, que surjan preguntas sobre cómo conciliar determinadas profesiones que exigen turnos de guardia. Otros aún plantean dudas sobre el funcionamiento de nuestras propias instituciones y sobre lo que puede considerarse un servicio esencial.
Evidentemente, hay que reconocer que existen situaciones de emergencia, especialmente en el ámbito de la salud, que concuerdan
con la enseñanza de Jesús de que «es permisible hacer el bien en sábado» (Mat. 12:12). Un médico no dejará a un paciente en peligro esperando la puesta del sol si puede actuar antes para salvarlo. Del mismo modo, cualquiera de nosotros puede tener la necesidad de adquirir un medicamento para un hijo enfermo, utilizar un medio de transporte mediante una aplicación o realizar un viaje el sábado en circunstancias inevitables, sin que ello suponga una transgresión del cuarto mandamiento.
Sin embargo, nos enfrentamos al reto de animar a nuestros miembros a evitar las actividades rutinarias que comprometen la santidad del sábado, tratando de hacer todo lo posible antes del comienzo de las horas sagradas. La fidelidad también requiere buscar alternativas como el cambio de turnos y guardias y, cuando sea necesario, recurrir incluso a la asistencia jurídica de la iglesia. Poner en juego la estabilidad en el empleo para permanecer fiel a la observancia del sábado, según el mandamiento bíblico, es un paso de fe que revela madurez espiritual.
Hoy en día, algunas prácticas se han ido olvidando gradualmente. En muchos hogares adventistas ya no existe la costumbre de los cultos al atardecer. Otros muestran menos preocupación por comenzar las horas del sábado todavía involucrados en actividades seculares. ¿Acaso el celo por estar preparados para el sábado ya no nos sensibiliza tanto como antes? ¿Hasta qué punto el séptimo día ha sido, de hecho, el verdadero clímax de la semana en nuestro recorrido semanal?
Por último, es importante recordar que Internet y dispositivos como los teléfonos inteligentes han planteado nuevos retos al descanso sabático, al eliminar las fronteras que antes separaban lo sagrado de lo profano. Quizá, para una observancia más significativa del sábado, sea necesario considerar también un shabat digital.
Recuperar la identidad del sábado implica recordar nuestra interpretación distintiva de esta creencia y reafirmar el compromiso de experimentar el verdadero significado de este día santo, absteniéndonos de ocuparnos de nuestros propios intereses (Isa. 58:13) y evitando que este día se convierta en una carga para nosotros, nuestra familia y nuestras iglesias. Además de ser proclamado, este mensaje debe ser vivido cada vez más plenamente.
Sobre el autor: Editor asociado de Ministerio, edición de la CPB.
Referencias
[1] Hartmut Rosa, Aceleracao: A Transformacao das Estruturas Temporais da Modernidade (Editora Unesp, 2019), p. 385.
[2] Byung-Chul Han, Sociedade do Cansaco (Vozes, 2017).
[3] Gary Krause, «Seeking the Shalom: Wholistic Adventist Urban Mission and Centers», Journal of Adventist Mission Studies 10 (2014), p. 57.
[4] Siegfried H. Roeske, «A Comparative Study of the Sabbath Theologies of A.H. Lewis and J.N. Andrews» (tesis doctoral, Universidad Andrews, 1997), pp. 298-300.
[5] Alberto R. Timm, «The Sanctuary and the Three Angels’ Messages 1844-1863: Integrating Factors in the Development of Seventh-day Adventist Doctrines» (tesis doctoral, Universidade Andrews, 1995), p. 135.
[6] Elena de White, Mensajes selectos (ACES, 2015), t. 2, p. 481.
[7] Gerhard Pfandl, «A Escatologia de Ellen G. White», en O Futuro: A Visao Adventista dos Ultimos Dias, ed. Alberto R. Timm, Amin A. Rodor y Vanderlei Dorneles (Unaspress, 2004), p. 326.
[8] Elena de White, Testimonios para la Iglesia (APIA, 2004), t. 6, p. 354.
[9] Kwabena Donkor, «Sábado, Doctrina del», en Enciclopedia de Elena G. de White, ed. Denis Fortin y Jerry Moon (ACES, 2020), p. 1254.
[10] Kenneth A. Strand, «Sábado», en Tratado de teologia adventista del séptimo dia, ed. Raoul Dederen (ACES, 2009), p. 594; Russel J. Thomsen, Seventh-Day Baptists: Their Legacy to Adventists (Pacific Press, 1971), p. 78.
[11] Elena de White, Primeros escritos (ACES, 2014), pp. 62-65.
[12] Merlin D. Burt, «The Historical Background, Interconnected Development and Integration of the Doctrines of the Sanctuary, the Sabbath, and Ellen G. White’s Role in Sabbatarian Adventism from 1844 to 1849» (tesis doctoral, Universidad Andrews, 2002), pp. 318-319.
[13] George R. Knight, Nuestra Identidad: origen y desarrollo (APIA, 2007), pp. 86-87.
[14] Raymond F. Cottrell, «El sábado en el Nuevo Mundo», El sabado en las Escrituras y en la historia, ed. Kenneth Strand, Clásicos del Adventismo 10 (APIA, 2014), p. 360.
[15] James White, Life Incidents in Connection with the Great Advent Movement as Illustrated by the Three Angels of Revelation XIV (Steam Press, 1868), p. 268.
[16] Sergio Becerra, «Los Elementos Escatológicos de la Doctrina del Sábado Adventista: Un Estudio Sobre los Orígenes del Sábado Adventista», DavarLogos 12 (2013), pp. 223-224.
[17] Elena de White, Testimonios para la Iglesia (APIA, 2003), t. 1, p. 302.
[18] John N. Andrews, «Time for Commencing the Sabbath», Review and Herald, 4 de diciembre de 1855, p.76-78.
[19] Thomas Bennett, «Boston in 1740», en Proceedings of the Massachusetts Historical Society (1860–1862) (Boston, 1862), p. 115.
[20] Sergio Becerra, «Racines Puritaines de la Doctrine du Sabbat Adventiste du Septieme Jour: Etude Historique et Theologique» (tesis doctoral, Université Strasbourg, 2001), p. 104.
[21] Márcio Adriano Tonete Marcelino, «El “presente” del descanso sabático: relaciones entre las lecturas contemporáneas del mensaje del sábado en el adventismo y el fenómeno de aceleración social» (tesis de maestría, Universidad Peruana Unión, 2021).
[22] Sakae Kubo, Vivir el futuro hoy: la segunda venida y el sabado (IADPA, 2016).
[23] Depa “Sabbath Observance”, 9 de julio de 1990, disponible en <link. cpb.com.br/b1f73d>, consultado el 5 de enero de 2026.
[24] Judith Shulevitz, “Creating Sabbath Peace Amid the Noise”, en The New York Times, 16 de julio de 2010, disponible en <link.cpb.com.br/8b717b>, consultado el 5 de enero de 2026.
[25] Jo Ann Davidson, “Sábado, A Observância do”, en Enciclopédia Ellen G. White, Denis Fortin e Jerry Moon, orgs. (Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileira, 2018), p. 1257.
