Los líderes son esenciales en cualquier tiempo y lugar. Independientemente del segmento de la sociedad —privado, civil, religioso o familiar—, parece que vivimos tiempos en los que pocos quieren asumir el papel de líder. Quizá nunca haya sido tan necesario hablar, escribir y liderar como hoy. Sin embargo, es esencial recordar que, cuando se trata de liderazgo cristiano, la Biblia es nuestro punto de referencia, pues contiene los fundamentos y ejemplos que nos inspiran. Entre los muchos líderes que Dios ha utilizado en el pasado, se encuentra Salomón, que nos dejó valiosas lecciones.

Ser dependiente. Quien desea liderar debe reconocer que no es tan grande como parece. Salomón se enfrentó a grandes retos: por un lado, la herencia material y espiritual de su padre; por otro, el deber de dirigir al pueblo con equilibrio y valentía. En su oración, confesó: “No soy más que un muchacho” (1 Rey. 3:7, NVI). Elena de White comenta: “Salomón no tuvo nunca más riqueza ni más sabiduría o verdadera grandeza que cuando confesó: ‘No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme’ ” (Profetas y reyes [ACES, 2008], p. 20). Esto revela que no es nuestra posición o estatus lo que nos hace grandes, sino nuestra dependencia de Dios.

Ser sabio. Ante los retos y complejidades del liderazgo —como la toma de decisiones, la consejería y la relación con distintos tipos de personas en diferentes niveles de responsabilidad y función—, la sabiduría es fundamental. En Proverbios, esta palabra aparece unas 41 veces. Justo al principio del libro, Salomón dice: “El principio de la sabiduría consiste en temer al Señor. Solo los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Prov. 1:7). Hernandes Dias Lopes explicó el significado de esta palabra con sencillez: “Qué es la sabiduría? Sabiduría es mirar la vida con los ojos de Dios. Es vivir regido por la enseñanza de la Palabra de Dios” (Proverbios, Manual de sabiduría para la vida [Hagnos, 2016], p. 29). En el sentido más profundo, la sabiduría es la persona misma de Cristo, como ensena el apóstol Pablo (1 Cor. 1:30; Col. 2:3).

Sé humilde. Mientras Salomón mantuvo su total dependencia de Dios, su vida, su reino, su poder y su influencia siguieron creciendo. Pero cuando llegó a creer que su prosperidad era el resultado de su habilidad como administrador, comenzó su declive. Él mismo escribió: “La soberbia precede a la ruina, y la altivez de espíritu a la caída” (Prov. 16:18). Las mayores amenazas para un líder residen en su propio corazón, como dijo Matthew Henry: “No temamos el orgullo de nuestro prójimo; temamos el nuestro” (Comentário Bíblico Matthew Henry [CPAD, 2010], p. 1225).

Mantente alerta. Todo lo que un líder es refleja lo que está plantado en su corazón. Cuando se trata de liderazgo cristiano, el carácter está antes que el rendimiento; la integridad, antes que los informes; y la coherencia, antes que la prosperidad. Si el líder no mantiene su corazón protegido, su influencia terminará volviéndose hacia el mal. Elena de White escribió: “Tan gradual fue la apostasía de Salomón que antes de que él se diera cuenta de ello, se había extraviado lejos de Dios. […] Salomón erigió una imponente acumulación de edificios destinados a servir como centro de idolatría (Profetas y reyes, pp. 40, 41). Por otra parte, si el corazón del líder se mantiene en Cristo y conserva su integridad, Proverbios afirma: “El rey que juzga con verdad a los pobres afirma su trono para siempre” (29:14). .Buscas esta sabiduría?

Sobre el autor: Secretario ministerial para la Iglesia Adventista en Sudamérica