La importancia de la oración en el proceso terapéutico
Con la entrada del pecado en el mundo, las pruebas, la enfermedad y la muerte pasaron a formar parte de la experiencia humana (Gén. 3:18, 19). Comentando la caída de Adán y Eva, Elena de White dijo: “Su pecado inició la inundación del dolor sobre el mundo”.[1]
En el ejercicio de su ministerio, el pastor realiza diversas ceremonias; entre ellas, el ungimiento de los enfermos. Este es un acto de intercesión y atención espiritual que puede ser realizado no solo por él, sino también por los ancianos de la iglesia.
Aspectos lingüísticos
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, la Biblia habla del ungimiento. El verbo hebreo mashah significa “ungir”, o “consagrar”. La palabra se encuentra por primera vez en el Antiguo Testamento en Génesis 31:13. Este uso ilustra la idea de ungir algo o a alguien como un acto de consagración.
El teólogo Gerard Groningen añade: “La idea de ungir está relacionada con el concepto de frotar con la mano […] también transmite el concepto de refregar el cuerpo. Frotar con grasa o aceite es indudablemente el concepto expresado en algunos pasajes bíblicos acerca de objetos como panes o escudos (Lev. 7:12; Isa. 51:5). El uso más común de mashah es para expresar la idea de unción que se realiza vertiendo o rociando aceite sobre objetos o personas. Este acto de derramar aceite tiene un profundo significado en el Antiguo Testamento”.[2]
El Nuevo Testamento utiliza el verbo griego aleiphō, que significa “aceitar”, “frotar”, “ungir” y “untar”. Otro verbo griego utilizado es chriō, que significa “ungir con aceite”. De esta palabra procede el término christos, que significa “ungido” y se aplica a Cristo.[3] Fue ungido para cumplir su triple ministerio: enseñar, predicar y curar (Mat. 4:23; Luc. 4:18, 19; Dan. 9:25).
Basándonos en estos aspectos lingüísticos, el acto del ungimiento era profundamente significativo. El Comentario biblico adventista afirma: “En armonía con la ley mosaica, se usaba el aceite para iniciar a los profetas, los sacerdotes y los reyes en su ministerio”.[4] El aceite, que ya tenía un uso secular, principalmente en la cocina (Lev. 2:7; 9:4; Núm. 11:8; 1 Rey. 17:12) y como combustible (Éxo. 35:8, 14, 28), pasó luego al del uso religioso, sirviendo para coronar reyes (1 Sam. 10:1; 1 Rey. 1:39; Sal. 89:20), consagrar sacerdotes (Éxo. 40:15; Lev. 7:35) y profetas (Isa. 61:1), consagrar lugares de culto (Gén. 28:18; Lev. 8:10; Dan. 9:24), oficiar matrimonios (Eze. 16:9), ungir a los enfermos antes de morir y a los cautivos a punto de ser liberados (2 Crón. 28:15) y preparar el cuerpo para el entierro (2 Crón. 16:14).[5]
Ungimiento de los enfermos
El apóstol Santiago escribió: “¿Está alguno enfermo entre ustedes? Llame a los ancianos de la iglesia y oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor; y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados” (Sant. 5:14, 15). Basándose en este texto, Ellen Cavanaugh comentó que la unción “debe incluir tres elementos fundamentales: visitación, curación y reconciliación”.[6]
Una lección importante de estos versículos bíblicos es que la visita, especialmente para una ceremonia de ungimiento, debe ser solicitada por el enfermo. “El rito del ungimiento es un evento intensamente personal, que atiende las necesidades y los pedidos específicos de una persona”.[7]
Además, esta ceremonia es un momento de profunda reflexión, tanto para el paciente (si está lúcido) como para todos los presentes. La solemnidad de la ocasión está revestida de la certeza de que se está poniendo a la persona en manos de Dios, y que él actuará según su soberana voluntad. Elena de White escribió: “Todos deseamos respuestas inmediatas y directas a nuestras oraciones, y somos tentados a desanimarnos cuando la respuesta tarda, o cuando llega en forma que no esperábamos. Pero Dios es demasiado sabio y bueno para contestar siempre a nuestras oraciones en el plazo exacto y la forma precisa que deseamos. Él quiere hacer en favor de nosotros algo más y mejor que el cumplimiento de todos nuestros deseos”.[8]
Aunque la ceremonia tiene como foco la persona enferma, también debe causar una impresión positiva en las personas de su entorno, especialmente si hay alguien de un entorno no religioso.
Otro punto importante es que “el ungimiento atiende no solo la enfermedad, sino también el perdón. […] El ungimiento no se reserva como un último rito para los moribundos, y no hay poder místico en el aceite mismo”.[9]
Experiencia
José (un nombre ficticio) era un joven pastor de un pueblo rural. Preocupado por el bienestar espiritual de sus ovejas, siempre las visitaba para fortalecer su fe. Una mañana, José recibió una llamada telefónica. Al otro lado de la línea, alguien muy afligido decía: “Pastor, mi padre está en las últimas. ¿Podría ungirlo?” Por un momento, José se detuvo y pensó: “¿Ungimiento?” Recordó la enseñanza que dice: “Se instruye a los enfermos a llamar ‘a los ancianos de la iglesia’. Aunque la práctica general es que el enfermo individual solicite ese rito. En tales casos, es aceptable que la familia o los amigos hagan el pedido”.[10]
La verdad es que el pastor José no tenía mucha experiencia con esta ceremonia. Hasta entonces, solo había realizado bautismos y santas cenas. Pero ahora, ¿ungir a una persona a punto de morir? No era algo común para el joven pastor.
Mientras pensaba, la persona que estaba al otro lado de la línea telefónica esperaba una respuesta. Finalmente, José contestó: “Sí, hermano, iré hoy mismo”. Tras colgar el teléfono, se puso inmediatamente a planificar los detalles de aquella ceremonia desconocida.
El padre de la persona que lo había llamado estaba postrado en casa. Según lo acordado, José realizó el ungimiento ese mismo día. Se había preocupado por todos los detalles de la ceremonia, pero no podía imaginar el impacto que tendría en él. Fue algo realmente especial.
Aquel día, el pastor José aprendió lecciones que marcarían profundamente su ministerio. Se dio cuenta de que durante la ceremonia es importante preguntar a la persona sobre su vida espiritual, su relación con los demás, si hay heridas y la necesidad de perdonar a alguien. Son preguntas cruciales para el momento del ungimiento. “La persona enferma debería ser animada a participar en un examen propio antes del ungimiento, asegurándole el amor, la gracia y el perdón de Dios”.[11]
El pastor José también comprendió en aquella ocasión que la unción es un momento de sumisión, un acto de aceptación de la voluntad de Dios, sea cual sea. Elena de White escribió: “Dios conoce el fin desde el principio. Conoce el corazón de todo hombre. Lee todo secreto del alma. Sabe si aquellos por quienes se hace oración podrían o no soportar las pruebas que les sobrevendrían si hubiesen de sobrevivir. Sabe si su vida sería una bendición o una maldición para sí mismos y para el mundo”.[12]
Otro punto importante que José aprendió es que, aunque es un tiempo de gran ansiedad y expectación, también puede ser un tiempo de esperanza. Elena de White afirmó: “Cuando hayamos orado por el restablecimiento del enfermo, no perdamos la fe en Dios cualquiera que sea el desenlace del caso. Si tenemos que presenciar el fallecimiento, aceptemos el amargo cáliz, recordando que la mano de un Padre lo acerca a nuestros labios”.[13]
De hecho, aquella ceremonia tuvo un profundo impacto en el corazón del pastor José. Además de todo esto, aprendió que, al realizar este tipo de ceremonia, es esencial estar en comunión con Dios. El ministro desempeña un papel fundamental en ese momento en que, en la mayoría de los casos, las personas se encuentran entre la vida y la muerte.
Planificación
La organización es un factor esencial en el ministerio de todo pastor. Obviamente, hay circunstancias que surgen de repente o de forma imprevista, y a menudo nos toman por sorpresa. Un ejemplo de ello son los funerales.
Para una ceremonia de unción, es posible hacer una planificación mínima desde el momento en que se recibe la invitación o la llamada. Un factor importante es saber si la ceremonia tendrá lugar en un hogar, donde es más fácil realizarla, o en un hospital, donde la planificación requerirá algunos detalles más. Si el paciente está en un hospital adventista, será más fácil realizar la ceremonia porque la institución ya estará familiarizada con ella. Aun así, hay que hacer arreglos previos con el personal médico y las enfermeras. Después de todo, “hágase todo decentemente y con orden” (1 Cor. 14:40, NVI). Si es en otro hospital, la planificación requerirá una mayor adaptación. Por ejemplo, si el paciente comparte habitación, será necesario dialogar con las enfermeras para ver si es posible que esté solo cuando sea ungido. Otro aspecto importante es el equipo que acompañará la ceremonia, formado por familiares del enfermo, ancianos y diáconos. En general, el número de personas en una ocasión así es limitado. Toda esta planificación debe ajustarse a la normativa del hospital. Esto es esencial, no solo para garantizar un buen testimonio en una institución médica no confesional, sino también para facilitar futuras ceremonias de ungimiento que puedan realizarse allí.
Aspectos prácticos
La ceremonia del ungimiento tiene un aspecto práctico. La Guía para ministros recomienda los siguientes elementos:[14]
1. El oficiante debe comenzar con una explicación de la ceremonia y su objetivo. Esto requiere prudencia y tacto en todo lo que se diga al enfermo.
2. Antes del ungimiento deben leerse textos bíblicos, como Santiago 5:14 al 16; Salmo 103:1 al 5; Salmo 107:19 y 20; o Marcos 16:15 al 20. La lectura bíblica debe reafirmar que Dios tiene el poder para curar, perdonar y salvar. La oración por la sanación siempre se responde afirmativamente para los que creen, ya sea inmediatamente o al regreso de Jesús.
3. Es preferible arrodillarse para orar, pero esto puede ser poco práctico alrededor de una cama hospitalaria.
4. Si el enfermo desea orar, se le debe permitir que ore primero.
5. Si alguno de los presentes desea orar, se le debe permitir, pero solo después de la oración del enfermo.
6. La última persona en orar debe ser el pastor o el anciano que oficia la ceremonia. “En la Palabra de Dios encontramos instrucción con respecto a la oración especial para el restablecimiento de los enfermos. Pero el acto de elevar tal oración es un acto solemnísimo, y no se debe participar en él sin la debida consideración”.[15]
7. Al final de la oración, el pastor o el anciano deben colocar el aceite en la frente del enfermo, simbolizando el toque del Espíritu Santo de forma específica y especial.
Si el pastor dirige la ceremonia, y está acompañado por ancianos u otros líderes de la iglesia, debe aprovechar este momento para hacerlo didáctico para estos dirigentes. Se trata de una parte práctica del ministerio pastoral.
Conclusión
La Biblia afirma: “Pero clamaron al Señor en su angustia, y los salvó de sus aflicciones. Envió su palabra, los sanó, y los libró de su ruina” (Sal. 107:19, 20). Elena de White comentó: “Dios está tan dispuesto hoy a sanar a los enfermos como cuando el Espíritu Santo pronunció esas palabras por medio del salmista. Cristo es hoy el mismo médico compasivo que cuando desempeñaba su ministerio terrenal. En él hay bálsamo curativo para toda enfermedad, poder restaurador para toda dolencia. Sus discípulos de hoy deben rogar por los enfermos con tanto empeño como los discípulos de antaño”.[16]
Sobre el autor: Editor de la Revista del Ancianato, edición de la CPB
Referencias
[1] Elena de White, Patriarcas y profetas (ACES, 2015), p. 45.
[2] Gerard Van Groningen, Messianic revelation in the Old Testament (Baker Books, 1990), pp. 17, 18.
[3] Ver Spiros Zodhiates, The Complete Word Study Dictionary – New Testament (AMG Publishers, 1992), pp. 1483, 1485.
[4] Francis D. Nichol, ed., Comentario biblico adventista del séptimo día (ACES, 1992), t. 1, p. 665.
[5] Tânia M. L. Torres, “O Rito da Unção: Sucessos e Fracassos de uma Modalidade de Cura Religiosa na Igreja Adventista do Sétimo Dia” (tesis doctoral, Pontificia Universidad Católica de San Pablo, 2017), p. 42.
[6] Ellen P. Canavaugh, “Anointing as the Iconic Interruption of the Loving God” (tesis doctoral, Universidad Duquesne, 2009), p. 3.
[7] Guía para ministros adventistas del séptimo día (ACES, 2010), p. 160.
[8] Elena de White, El ministerio de curación (ACES, 2008), p. 176.
[9] Guía para ministros adventistas del séptimo día, p. 159.
[10] Guía para ministros adventistas del séptimo día, p. 160.
[11] Guía para ministros adventistas del séptimo día, p. 160.
[12] White, El ministerio de curación, p. 175.
[13] White, El ministerio de curación, p. 178.
[14] Guía para ministros adventistas del séptimo día, pp. 159-191.
[15] White, El ministerio de curación, p. 173.
[16] White, El ministerio de curación, pp. 171, 172.