Las cuatro prioridades de la Iglesia Adventista para los próximos cinco años

En julio de 2024, se realizó una encuesta con una muestra de cerca de cuatro mil pastores, administradores y departamentales de la División Sudamericana (DSA) con el objetivo de obtener datos sobre la realidad de la Iglesia en nuestro territorio. Basados en los resultados que se obtuvieron, los líderes llevarán a cabo el Plan estratégico 2026-2030, aprobado en mayo de 2025 por la DSA y presentado en agosto a los líderes de campos, uniones e instituciones en el marco del CADE (Concilio de Administradores y Departamentales) en Foz de Iguazú (Paraguay).

Elaborado a partir de la necesidad y de la percepción de la iglesia local, el Plan estratégico se basa en las siguientes premisas: (1) Una planificación que represente a la iglesia local; (2) construida a partir de datos e información de quienes trabajan en primera línea, junto con los miembros; (3) que considere las necesidades geográficas de la DSA, manteniendo el vínculo con los propósitos de la Iglesia Adventista a nivel mundial; (4) que dé lugar a que la Iglesia y los miembros trabajen según su realidad, sin perder la unidad; y (5) que sea simple de entender, fácil de aplicar y accesible para todos los niveles de la Iglesia.

En este artículo veremos un resumen de las cuatro prioridades estratégicas de la Iglesia Adventista para los próximos años.

Identidad

Hablar de identidad es hablar de origen, misión y propósito. Ser adventista es reconocer que somos un movimiento llamado por Dios para proclamar el evangelio eterno en el contexto del mensaje de los tres ángeles (Apoc. 14:6-12). Ese llamado moldea nuestra fe, define nuestra misión y dirige nuestra esperanza. Por eso, la identidad adventista es inseparable de la misión, y el ministerio pastoral es el instrumento por el cual la Iglesia es conducida a vivir plenamente esa misión.

La identidad adventista es cristocéntrica. Todo empieza y termina en Cristo: su encarnación revela el carácter de Dios; su cruz es el centro del plan de salvación; y su ministerio en el Santuario celestial, como Sumo Sacerdote, aplica los méritos de su sangre en nuestro favor, intercede por nosotros, lleva a cabo el juicio investigador que reivindica el carácter divino y prepara la consumación de la salvación antes de su regreso. El pastor adventista es llamado a mantener al Cristo revelado en la Escrituras como el centro de la predicación, del liderazgo y de la vida de la Iglesia. Como recordó Elena de White: «El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras verdades».[1]

La identidad adventista también es comunitaria. La Iglesia no es simplemente una reunión de individuos, sino el cuerpo de Cristo llamado a ser luz para el mundo. En ese contexto, el pastor no es solo un administrador, sino un siervo y guía espiritual que prepara a los miembros para el servicio (Efe. 4:12). Su misión no es hacer todo solo, sino preparar líderes y llevar a cada persona a la madurez en Cristo (Col. 1:27-29; 2:1-5).

Finalmente, la identidad adventista es escatológica. Vivimos en la luz de la bendita esperanza: «el que ha de venir vendrá y no tardará» (Heb. 10:37). Esa esperanza moldea nuestro ministerio y da sentido a nuestras acciones. Entonces, el pastor adventista es un siervo de Cristo, guardián de la fe y líder de la misión: un mensajero de la esperanza que conduce a un pueblo al encuentro con el Señor.

Por lo tanto, la identidad y el ministerio caminan juntos. La Iglesia encuentra en el pastor un reflejo de su propia vocación: andar con Cristo, servir a Cristo y proclamar el evangelio hasta que él vuelva.

OBJETIVO GENERAL

1. Fortalecer la identidad profética de la Iglesia Adventista como pueblo remanente.

2. Desarrollar el compromiso de los miembros de la Iglesia con las creencias y el estilo de vida adventistas fundamentales.

Liderazgo

En la Palabra de Dios, a diferencia de cómo solemos entenderlo y aplicarlo hoy, el término liderazgo no aparece vinculado con conceptos de gestión o teoría organizacional. Sin embargo, con frecuencia las acciones de liderazgo se relacionan con pastorear, presidir, guiar, servir y orientar, solo por mencionar algunos ejemplos (1 Ped. 5:2; Mat. 20:26-28; 1 Tim. 3:4-5).

Es en ese sentido que el pastor debe trabajar con sus miembros: formar líderes preparados para pastorear y que, al mismo tiempo, sean capaces de guiar, servir y orientar a la iglesia en todas las áreas, descubriendo talentos y capacitando nuevos líderes para ayudarlo a liderar el rebaño.

El involucramiento de los miembros en las actividades generales de la iglesia siempre representa un desafío, y muchas veces el pastor termina trabajando solo, lo que convierte su ministerio en algo muy pesado.

Por eso, la formación de líderes comprometidos con la misión de la Iglesia es una de las actividades más nobles que el pastor puede llevar a cabo en su ministerio, ya que le permite descubrir talentos, capacitar nuevos miembros y preparar a las nuevas generaciones para servir como líderes del cuerpo de Cristo (Rom. 12:6-8; 1 Cor. 12:4-7).

Más que eventos o buenos programas, la nueva generación de miembros busca sentido en aquello que la iglesia les ofrece, y ve en ella un vínculo con una vida religiosa significativa.

El apóstol Pablo nos instruye que la iglesia debe ejercer un liderazgo por medio del pastoreo, bajo la guía de los ancianos y los diáconos, involucrando todas las áreas de la iglesia. Pablo también enseña que el liderazgo puede ser entendido como un don espiritual concedido por Dios a quienes se dedican a servir en su causa. Todo miembro que se ponga en las manos de Dios para servir será usado por él como líder en la preparación de nuevos líderes (Rom. 12:7-8; 1 Tim. 3:1-13; Hech. 20:28).

A partir del aumento del número de iglesias, surge la necesidad de más líderes motivados, preparados y calificados, para que la Iglesia cumpla su papel de faro, iluminado un mundo que está cada vez más sumido en la oscuridad del pecado.

Para que esto suceda, es imprescindible que la Iglesia cuente con un liderazgo comprometido con la verdad y con la misión: hacer discípulos de Jesús que lideren sus iglesias, viviendo y proclamando el evangelio eterno hasta su pronto regreso.

OBJETIVO GENERAL

1. Formar y desarrollar líderes.

2. Desarrollar y fortalecer habilidades pastorales.

Nuevas generaciones

Entre las prioridades estratégicas para los próximos cinco años, hay una que se destaca como urgente: discipular a las nuevas generaciones. Niños, adolescentes y jóvenes necesitan acompañamiento intencional para encontrar su identidad y su misión en Cristo. Ese discipulado no se trata solo de un método, sino de la esencia del ministerio pastoral: guiar a cada generación a vivir arraigada en Jesús.

Las nuevas generaciones no buscan solamente programas bien organizados o discursos elocuentes. Anhelan relaciones auténticas, fe coherente y experiencias reales que demuestren que seguir a Cristo es posible. Discipular es precisamente eso: dar lugar a preguntas sinceras, caminar juntos en las luchas y en las victorias, y mostrar, con la vida, la gracia que nos sostiene.

Ese proceso es intergeneracional, porque solo cuando los niños, los jóvenes y los adultos crecen juntos la iglesia se vuelve plena. Como mencionó Lucas Leys: «La iglesia no es un lugar que frecuentar, sino una familia a la que pertenecer ».[2] Esa visión transforma una comunidad en un espacio de pertenencia y misión, en el que cada generación descubre su rol y su compromiso.

El púlpito puede inspirar y los programas pueden motivar, pero es mediante el discipulado que la fe se vuelve experiencia. Una iglesia que hace discípulos no solo forma miembros, sino que genera discípulos que participan activamente del liderazgo, asumen responsabilidades y reflejan a Cristo en su vida.

Pastor, esta es la oportunidad de reafirmar nuestra vocación: no multiplicar actividades, sino formar discípulos en Cristo. Al definir el discipulado como una prioridad, construiremos una iglesia intergeneracional, unida y misionera, en la que cada nueva generación encontrará en Jesús su identidad y su futuro.

OBJETIVO GENERAL

1. Involucrar a las nuevas generaciones en la comunión y en la adoración.

2. Involucrar a las nuevas generaciones en la misión y el liderazgo de la Iglesia.

Discipulado

La vida pastoral es intensa. Las demandas sonmuchas: administración, programas, reuniones, visitas, informes, entre otras.

Si bien existen manuales y materiales que guían al pastor al momento de abordar tales responsabilidades, una cuestión central persiste: ¿Cuál debe ser el verdadero enfoque del ministerio? Si el pastor no define claramente su prioridad, fácilmente será absorbido por la rutina y su trabajo se verá reducido a mantener actividades, sin lograr el propósito por el cual fue llamado.

Cuando sintió que llegaba el fin de su vida, el apóstol Pablo le escribió a Timoteo, su hijo en la fe, para instruirlo sobre lo que realmente importa: «Lo que oíste de mí ante muchos testigos, eso encarga a hombres fieles y también aptos para enseñar a otros» (2 Tim. 2:2). Pablo no le pidió a Timoteo que se concentrara en los programas, sino en las personas. Su preocupación estaba en la continuidad del evangelio, asegurada por la multiplicación de los discípulos que se formarían y formarían a otros.

El teólogo Gerhard Kittel observó que, cuando un ministro idóneo transmite la genuinidad del evangelio volcado al servicio de la comunidad, cumple plenamente su ministerio ya que es en ese fundamento en el que se sostiene la movilización misionera de la iglesia.[3]

Jesús, el Maestro de los maestros, no le dio inicio a su ministerio con estructuras organizacionales o estrategias humanas. Él llamó discípulos para que estuvieran con él, y luego los envió. La lógica de su ministerio fue clara: primero, la comunión; después, la misión. En este modelo se encuentra el corazón del discipulado. El teólogo George Morgan destacó que el llamado pastoral es reclutar, educar y entrenar, así como lo hizo Cristo. El verdadero aprendizaje no se limita a la teoría, sino que sucede caminando con el Maestro e imitando sus pasos.[4]

La palabra katartismos, traducida como «perfeccionar » en Efesios 4:11 al 16, significa «preparación completa » o «equipamiento completo» para la realización de una tarea».[5] Eso demuestra que el trabajo del pastor no es solamente transmitir conocimiento, sino capacitar a las personas para una misión.

Por eso, el pastor de hoy necesita dejar de ser solo un realizador para convertirse en un entrenador. Ese cambio de perspectiva redefine nuestro concepto del éxito ministerial: no se mide por la cantidad de sermones predicados o de programas dirigidos, sino por la capacidad de formar discípulos que, a su vez, formarán nuevos discípulos. Sin discípulos, el evangelio no se multiplica, la iglesia se vuelve consumidora en lugar de volverse misionera y el ministerio se reduce a tareas sin implicar transformación. Cuando el pastor hace del discipulado su prioridad, su ministerio encuentra rumbo y la iglesia despierta a la misión.

OBJETIVO GENERAL

1. Cultivar una relación personal con Dios mediante la oración, el estudio de la Biblia y la fidelidad.

2. Involucrar a cada miembro de la iglesia en la salvación de los demás a través de sus dones, formando nuevos discípulos.

Conclusión

Elena de White escribió: «Debe hacerse obra bien organizada en la iglesia, para que sus miembros sepan cómo impartir la luz a otros, y así fortalecer su propia fe y aumentar su conocimiento. Mientras impartan aquello que recibieron de Dios, serán confirmados en la fe. Una iglesia que trabaja es una iglesia viva. Somos incluidos en la edificación como piedras vivas, y cada piedra ha de emitir luz. Cada cristiano es comparado a una piedra preciosa que capta la gloria de Dios y la refleja».[6]

Que Jesús vuelva en nuestra generación. ¡Maranata!

Sobre los autores: Carlos Gill es secretario ministerial de la Iglesia Adventista en Sudamérica. Douglas Menslin es asistente de la Presidencia y líder asociado de Educación Adventista para Sudamérica. Carlos Campitelli es líder de Ministerio Joven de la Iglesia Adventista en Sudamérica. Eber Nunes es líder de Ministerio Personal, Escuela Sabática y ASA de la Iglesia Adventista en Sudamérica.


Referencias

[1] Elena de White, Obreros evangélicos (ACES, 2015), p. 326.

[2] Lucas Leys, Haz discípulos: El método bíblico para hacer crecer tu ministerio y la Iglesia (Editorial Vida, 2013), p. 21.

[3] Gerhard Kittel y Gerhard Friedrich (eds.), Theological Dictionary of The New Testament (Eerdmans Publishing Co., 1976).

[4] George C. Morgan, Discipleship (Fleming H. Revell Company, 1897), pp. 11-21.

[5] James Strong, A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Logos Bible Software, 2009), p. 40.

[6] Elena de White, Servicio cristiano (ACES, 2008), p. 93.