Hay maravillosas buenas nuevas en el juicio previo al advenimiento.

Los adventistas del séptimo día encuentran en Daniel y Apocalipsis las evidencias de su singular doctrina del juicio investigador previo al advenimiento. “Previo al advenimiento” denota el tiempo en que ocurre; “investigador”, denota su método. Desafortunadamente, muchos miembros, al parecer, consideran el juicio pre-advenimiento como cualquier cosa, menos “buenas nuevas”, aun cuando el mensaje del primer ángel sitúa el juicio en el contexto del evangelio eterno (Apoc. 14:6). Al parecer, consideran el juicio separado de su relación con el cuerno pequeño de Daniel y separado de sus raíces en la cruz, su relación con la intercesión de Cristo, y su solución en Armagedón.

El evangelio eterno es la verdad acerca del Calvario. Si “el sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en torno de la cual se agrupan todas las otras verdades” y ‘si a fin de ser comprendida y apreciada debidamente, cada verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, debe ser estudiada a la luz que fluye de la cruz del Calvario”,[1] entonces el Calvario debe darnos una comprensión del juicio previo al advenimiento. Ningún juicio subsecuente cuestiona el juicio del Calvario; tampoco le quita ni le añade nada, lo único que hace es revelar y aplicar lo que se consumó allí. El día del juicio es revelado por el Calvario.[2] Jesús dijo en la cruz: “Ahora es el juicio de este mundo;  ahora el príncipe de este mundo será echado fuera” (Juan 12:31; cf. Apoc. 123-13). El juicio del Calvario significa liberación final para el pueblo de Dios y destrucción de su enemigo. En el juicio previo al advenimiento es el pueblo de Dios el que es libertado (véase Dan. 7:22,26,27) y el cuerno pequeño, destruido (véase Dan. 7:11-14; Apoc. 19:11-21). Así culmina la historia del doble veredicto del Calvario.

La evidencia textual interna de Daniel, más allá del capítulo 7, parece apoyar también este doble veredicto. Así, la liberación (shezab Dan. 3:17,28; 6:16, 20; netsal 3:29; 6:14; malat, 12:1) de Daniel del foso de los leones y la de sus tres amigos, del horno de fuego nos da una comprensión de la liberación escatológica de aquellos que tienen sus nombres escritos en el libro (sefer, Daniel 12:1), que es el libro usado en el juicio pre-advenimiento (véase Dan. 7:10). Aquí está involucrada una progresión de una liberación local a una universal.[3]

Las liberaciones históricas del pueblo de Dios también comprendieron la destrucción de sus enemigos tanto en el horno de fuego (véase Dan. 3:11) como en el foso de los leones (Dan. 6:24).[4] Del mismo modo, la liberación escatológica de los santos tiene su contraparte en la destrucción de sus enemigos (cuerno pequeño; véase Dan. 7:26,27).[5]

Buenas nuevas acerca del juicio

Ningún libro del Nuevo Testamento desarrolla tan completamente el ministerio posterior a la resurrección de Cristo como lo hace Hebreos. La intercesión de Cristo por su pueblo es una parte del mejor ministerio de Cristo comparado con el de los sacerdotes del Antiguo Testamento, en el sentido en que su sacrificio fue mucho mejor que los múltiples sacrificios culticos. El examen de los registros (véase Dan. 7:10) no es más que un aspecto del juicio. El otro es la interacción, la defensa de Cristo (cf. 1 Tim. 2:5 con 1 Juan 2:1). Cristo está en la presencia de Dios intercediendo en nuestro favor (huper hemon, Heb. 9:24), donde es capaz de salvar eternamente (panleles, Heb. 7:25), porque vive siempre para interceder por ellos (pantote zon eis to entugchaneim huper auton, vers. 7:25).

Este es el Abogado Intercesor descrito en Zacarías 3, donde las dimensiones cósmicas de la gran controversia del juicio previo al advenimiento entran en escena. Josué, representante del pueblo de Dios, se encontraba en una espantosa necesidad. Mientras vestía ropas viles, Satanás lo acusaba (véanse los vers. 3:1-3). La visión de Zacarías comprende la sala de un tribunal con un acusador y un defensor del convicto. A Josué se le dice “tizón arrebatado del incendio” (vers. 2). Keil y Delitzsch observan que “el fuego del cual Josué había sido arrebatado como un tizón era la cautividad, en la cual tanto dl como la nación habían sido llevados al borde de la destrucción”.[6]

Ellos merecieron la cautividad por su rebelión contra Dios (véase Deut. 28:36-64; 29:25-28), quien los entregó en manos de sus enemigos (véase Dan. 1:1, 2). No tenían nada que los recomendara, excepto su extrema necesidad. Lo mismo podría decirse de los apóstatas cristianos a quienes se dirige la epístola a los Hebreos. Tanto los judíos de la cautividad como los cristianos judíos que leían la epístola a los Hebreos se habían revelado como el cuerno pequeño. Precisamente en favor de personas que han pecado pero que comprenden su necesidad -el cuerno pequeño nunca lo hace-es que Cristo intercede. De manera que Josué estaba de pie, acusado por Satanás, y con ropas que probaban que las acusaciones eran correctas.

Josué estaba desesperado. Ahí estaba ante el juicio y todavía cubierto de pecado. Posteriormente Cristo hablaría del rey que viene a inspeccionar a los invitados y encuentra “a un hombre que no estaba vestido de boda’ (Mat. 22:11). Este evidentemente pensó que podría salir adelante por su propia cuenta en el juicio, que era lo suficientemente bueno, que sus vestiduras serían suficientes, que el registro de su vida era correcto. Pero fue echado fuera (vers. 22:13). A diferencia de este hombre, Josué, al parecer, conocía su necesidad y sólo podía mirar hacia Dios en busca de ayuda. ¿No había conducido Dios a Israel de regreso de la cautividad Babilónica como lo había sacado de Egipto? ¿No podría el rescatarlos espiritualmente también? Josué no tenía nada que lo recomendara. Simplemente estaba de pie con toda su confianza puesta en Dios solamente.

“La visión de Zacarías con referencia a Josué y el ángel se aplica con fuerza peculiar a la experiencia del pueblo de Dios en la terminación del gran día de expiación”.[7] Por tanto, Zacarías 3 es un tipo del juicio anterior al advenimiento. Mientras Satanás acusaba a Josué, Cristo[8] dijo: “Quitadle esas vestiduras viles’. Luego dijo a Josué: “Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala” (vers. 4). ¡Oh, la maravilla de la salvación! No hay duda que Josué prorrumpió en palabras como estas: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegraré en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas” (Isa. 61:10). Es precisamente este Intercesor/Abogado que aparece en escena en Hebreos, porque Cristo no terminó su intercesión cuando dio comienzo al juicio; dl continua intercediendo, como queda demostrado en la visión de Zacarías. También debería recordarse que el sacrificio matutino y vespertino, que era un tipo de la obra intercesora y expiatoria de Cristo, seguía ofreciéndose el Día de la Expiación.

Concentrémonos en Cristo

El remanente del tiempo del fin necesita captar el impacto total de Zacarías y Hebreos relativo a la continua intercesión/defensa del Cristo Vencedor durante el juicio previo al advenimiento. Su enfoque debe ser sobre Cristo, no sobre ellos mismos. El Apocalipsis describe a los santos de la hora del juicio como alabando a Cristo su Creador (véase Apoc. 14:7), comprendiendo que así como los trajo a este mundo, es el único que puede introducirlos en el mundo venidero.[9] Los santos de! tiempo del fin se describen como desnudos (véase Apoc. 3:18), exactamente como Adán y Eva en ocasión de la caída (véase Gén. 3:7,10,21). Ni hojas de higuera ni obras humanas, pueden suplir esa necesidad. S6lo el Cordero inmolado puede proveer esa vestidura; solo el manto de la justicia de Cristo (véase Isa. 61:10; Apoc. 6:11), el vestido de boda que Dios mismo proveyó (véase Mat. 22:11, 12), podrá ser suficiente. El hijo pródigo necesita el mejor manto para reemplazar sus andrajosas vestimentas (véase Luc. 15:22).

Correctamente entendido, 1844 es una invitación a fijar la vista en Cristo y no sobre nuestro carácter; sobre su juicio más que sobre el nuestro; y sobre su perfección más que sobre la nuestra. El mensaje del primer ángel es una invitación al pueblo de Dios a adorar y glorificar a Cristo en la hora del juicio (véase Apoc. 14:7). Si algunos adventistas siguen fijando su vista en su ‘propia perfección”, sus obras, entonces no son mejores que el cuerno pequeño que desvía la mirada de Cristo para fijarla en sí mismo. ¿Cuánto tiempo más retardará Cristo su venida a fin de que su pueblo dejé ya de confiar en sí mismo y confié solamente en él? Dios espera que su pueblo sea como Zacarías. Durante 150 años ha esperado que comprenda la esencia del Evangelio en esta hora del juicio. Él espera que su pueblo mire más allá del juicio, a su Intercesor, para vislumbrarlo como parte del evangelio eterno, para verlo como un don, como lo es el Calvario y el Armagedón. Esa verdad los hará libres (véase Juan 8:32) para llevar las buenas nuevas a un mundo que perece. Cristo espera eso, no deseando que ninguno perezca (véase 2 Ped. 33).

Los santos pasan el juicio porque son diferentes del cuerno pequeño. Ellos no hablan grandezas contra Cristo, ni se exaltan, ni persiguen a los santos, ni piensan en cambiar los tiempos y las leyes de Dios, ni ponerse en lugar de Cristo, echando por tierra su verdad (véase Dan. 7,8). Ellos reflejan a Cristo en su vida. Satanás les recuerda sus pecados para desanimarlos. Constantemente busca ocasión de acusar a aquellos que procuran obedecer a Dios. Trata de hacer aparecer como corrompido aun su mejor y más aceptable servicio. Mediante incontables designios muy sutiles y crueles, intenta lograr su condenación. El hombre no puede por sí mismo hacer frente a estas acusaciones. Con sus ropas manchadas de pecado, confiesa su culpabilidad delante de Dios. Pero Jesús, nuestro Abogado, presenta una súplica eficaz en favor de todos los que mediante el arrepentimiento y la fe le han confiado la guarda de sus almas. Intercede por su causa y vence a su acusador con los poderosos argumentos del Calvario”.[10]

El corazón del juicio

Hoy nos encontramos en el mismo corazón de lo que está ocurriendo en el juicio anterior al advenimiento, y por lo mismo, lo que seguirá en los juicios milenial y posmilenial (véase Apoc. 20:7-15). Dios, siendo que es omnisciente, no necesita estos juicios por causa de sí mismo (véase Sal. 33:13-15; 56:8; 139:2; Isa. 44:28; 46:9, 10; Mal. 3:16; Mat. 10:29, 30; Hech. 15:8; Rom. 11:33; Efe. 3:10). “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim. 2:19). El realiza estos juicios para beneficio de los seres creados.[11] En el juicio previo al advenimiento el universo conoce los registros de las obras humanas, buenas y malas (véase Dan. 7:10). Pero más que eso, observan para ver si los individuos han aceptado o rechazado la obra salvadora que Jesús hizo por ellos en la cruz.[12] Su relación con el juicio sustitutivo del Pacto Salvador es determinante (cf. Juan 16:26, 27).

Es precisamente eso, y no otra cosa, lo que determina el destino personal. Dios no nos pide que nos preocupemos por nuestra propia perfección, sino de la suya. Es su manto de justicia el que necesitamos. De modo que el juicio anterior al advenimiento esté centrado en Cristo no en el hombre.[13] No tiene tanto que ver con cuanto hicieron o dejaron de hacer los individuos por su cuenta lo que es determinante.[14] Lo que importa es si han aceptado o rechazado lo que Cristo hizo por ellos cuando fue juzgado en su lugar en la cruz (véase Juan 12:31).

También es verdad que el juicio tiene que ver tanto con la vindicación de Dios como con la vindicación de sus seguidores. Si Dios quiere abrirse a la investigación, esa es su decisión. Y lo hace para ganarse la confianza de los redimidos y de los seres no caídos de modo que el pecado no se vuelva a levantar otra vez. Por lo tanto, el juicio es para beneficio de todos los seres creados, no sólo para los seguidores de Dios. Esta es la grandeza del evangelio eterno en el contexto del juicio. ¡Por lo tanto, el juicio es buenas nuevas en la misma medida que el evangelio!

El juicio no ignora el Calvario. Es el Crucificado quien intercede por nosotros. El juicio previo al advenimiento es parte de la obra de abrir los registros de la historia de la salvación para ver lo que fue realizado en la cruz. El Calvario se mueve inexorablemente hacia la liberación del pueblo de Dios y la destrucción de sus enemigos, porque estas dos cosas fueron realizadas por Cristo en la cruz. Es por la autoridad que emana del Calvario que Cristo liberta a sus santos y destruye a Satanás y a todos sus enemigos en la batalla venidera del Armagedón (véase Apoc. 19:14-21). Esta Serbia instrumentación previa al advenimiento del veredicto del juicio.

Debemos conocer la estrategia de Satanás. Lo que ha hecho en un nivel general, al desviar la atención del auténtico servicio del santuario hacia su falsificación de un sacerdocio terrenal (cuerno pequeño), lo está haciendo en el nivel personal desviando la atención del único Salvador de la humanidad hacia la humanidad misma. Mirar hacia un sacerdocio terrenal o a nuestra propia persona, también desvía la mirada de Cristo.

Hay maravillosas buenas nuevas en el juicio anterior al advenimiento. No es que se mantenga por sí mismo, sino que está rodeado por el Calvario que lo precedió, la intercesión de Cristo en éI, y el Armagedón después de él. En estos tres eventos Cristo obra consistentemente por su pueblo y contra sus enemigos. (Es la razón por la cual el cuerno pequeño es investigado en el juicio y por la cual recibe el veredicto del juicio en Armagedón.) En estos tres eventos Cristo es ‘el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb. 13:8). Lo que Cristo realizó en la cruz fue simplemente desplegar toda la historia subsecuente de la salvación, incluyendo el juicio previo al advenimiento. Esta es la razón por la cual “la hora de Su juicio” (Apoc. 14:7) es parte del evangelio eterno (vers. 6).

En esta hora del juicio es nuestro Salvador crucificado quien es capaz de “salvar perpetuamente a los que por 6I se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25).


Referencias

[1] Elena G. de White, Obreros evangélicos

[2] Los eruditos hallan correctamente en el Calvario el antitipo del día típico de expiación (Lev. 16), pero casi todos no logran ver una más amplia correspondencia en un juicio anterior al advenimiento. Una vez que se ve la correspondencia adicional, las implicaciones de la cruz para comprender el juicio previo al advenimiento deben ser exploradas.

[3] La liberación de la cautividad babilónica, después de 70 años, puede considerarse como un tipo del llamamiento a salir de Babilonia, en Apocalipsis 14 y 18.

[4] Si se considera secuencialmente, la destrucción vino antes de la liberación en el incidente del homo de fuego y al revés en la experiencia del foso de los leones. Aunque la tipología no debería forzarse, hay una correspondencia en el doble resultado de la liberación-destrucción entre estos dos eventos históricos y el resultado del judío anterior al advenimiento. Parecería que estos eventos históricos dan algunas comprensiones en e! resultado del juicio apocalíptico, que llega a su clímax en la liberación de los santos y la destrucción de sus enemigos en Daniel 12:1 (cf. Apoc. 16-19).

[5] Hans LaRondelle ve correctamente que la narrativa histórica de la propia experiencia de Daniel en Babilonia y Persia también porta significado tipológico para el tiempo del fin” (Journal of Evangelical Theological Society, 32/3 [1989]: pág. 345). Véase Hans K. LaRondelle, Chariots of Salvation (Washington, D. C.: Review and Herald Pub. Assn., 1987), págs. 155-157).

[6] C. F. Keil and F. Delitzsch, Commentary on the Old Testament, tomo X, pág. 252.

[7] Elena G. de White, Joyas de los testimonios (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1975), tomo 2, pág. 175.

[8] El “Ángel de Jehová” (Zac. 3:1) es el Miguel de Daniel 12:1, o Jesús Cristo (cf. Judas 9; Apoc. 12:7-11).

[9] Compare la primera visión de Elena G. de White en la cual vio que solo aquellos que mantuvieron sus ojos fijos en Jesús lograron recorrer la senda hada el cielo. Aquellos que apartaron su mirada de Él cayeron al mundo de abajo (Primeros Escritos [Washington, D. C.: Review and Herald Pub. Assn., 1945], págs. 14,15).

[10] Elena G. de White, Joyas de los testimonios (Buenos Aires, Asociación Casa Editora Sudamericana, 1975), tomo 2, pág. 173.

[11] Todos los seres creados no humanos mas los nuevos representantes de la humanidad en el cielo (de los cuales es miembro Enoc, Elías y Moisés, y los 24 ancianos de Apocalipsis 4 y 5) testifican la investigación anterior al advenimiento, todos los redimidos testifican de la investigación milenial y todos los perdidos son testigos del juido post-milenial. En esta forma, todos los seres creados inteligentes participan en la evaluación de los judíos de Dios, y encuentran que es justo (Apoc. 153). El gran asunto en el gran conflicto que consiste en que se cuestión la justicia de Dios, queda contestado completamente.

[12] Esto implica asirse no solo al Calvario, sino a la intercesión continua del crucificado con los beneficios obtenidos en la cruz.

[13] El juicio previo al advenimiento es simplemente considerar lo que los seres humanos han hecho, y se aplica el príncipe escriturístico “por la contemplación somos transformados” (véase 2 Cor. 3:18; Elena G. de White Palabras de Vida del Gran Maestro [Bogotá: Asociación Publicadora Interamericana, 1971], págs. 289, 290), entonces, un milenio en que solo se escrutaran malas obras serla peligroso. Yo creo que el judío tiene mucho más que ver con la observación de cuan patentemente trabajo Cristo por cada persona, que donde lo pusieron a un lado, y por lo tanto es mucho más Cristocéntrico que centrado en la humanidad.

[14] Durante toda la eternidad “tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes [Bogotá: Asociación Publicadora Interamericana, 1955), pág. 11.).